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El Blog de Sergio del Molino

UNA TONTADICA MÁS Y UNA FOTO

UNA TONTADICA MÁS Y UNA FOTO

Dice la guía Lonely Planet de Portugal, hablando de cómo comportarse en un restaurante:

Respecto a los modales, sólo hay que intentar mostrar cómo se disfruta de la comida. Se suele hablar alto, gesticular con las manos y los cubiertos y golpear en la mesa para añadir énfasis. No hay ningún problema si uno se fuma un cigarrillo o un puro y echa el humo en la mesa vecina, probablemente al rato harán lo mismo.

Todo un tratado de antropología, sí señor. Se nota que su autor ha estudiado con Lévi-Strauss en la Sorbona, y le han aprovechado las clases. Sólo le faltó anotar en su cuaderno de campo que los salvajes lusitanos también tienden a degollar a una esclava virgen al final de cada ágape y se comen su cerebro crudo, aliñado con un poquito de aceite de oliva y pimienta blanca.

Chico, la verdad: de mis dos viajes a Portugal sólo puedo decir que las tascas y restaurantes son sencillos y, por lo general, están impolutamente limpios; que los camareros son amables y profesionales, que el vino de la casa, sin ser nunca excelso, suele ser más que correcto, nunca peleón; que está prohibido fumar en muchísimos locales -cosa muy de agradecer, cada día detesto más los sitios donde se puede fumar-, y que los comensales locales suelen hablar en un tono de voz moderado, sin herir al prójimo. No sé dónde ha visto este eminente antropólogo a estos ejemplares de lusitanos tan dados al escándalo y a echar el humo de la faria al vecino. La gente es bastante educada. Más que en España, por cierto, donde sí es relativamente frecuente compartir restaurante con energúmenos que dan voces a deshoras y te apagan el Ducados en el plato.

Se habrá confundido de país. Yo creo que hablaba de las costumbres españolas en la mesa.

Para compensar, aquí te dejo esta foto que acabo de tomar. Es un capitel y un arco de la iglesia del Carmo o del Carmen. Es una de las visitas ineludibles y más turisteras de Lisboa, pero no por ello está masificada. Al contrario: es un remanso pacífico y reconfortante. Los visitantes acuden con cuentagotas e inmediatamente se callan ante la belleza del lugar. Hay que tener un corazón de una piedra más dura que los sillares de la iglesia para no conmoverse allí.

Es una iglesia en lo alto del Chiado que quedó prácticamente destruida en el terremoto de 1755. A finales del siglo XVIII se intentó reconstruir, pero ya se habían fundido casi todo el oro de Brasil levantando la ciudad y, ante la falta de parné, la cosa les quedó a medias, abandonadilla. En 1863, lo compró una asociación de arquitectos, y al poco tiempo se convirtió en el Museo Arqueológico de Lisboa. De la iglesia original quedan los pilares y parte de los muros, pero no hay bóvedas ni cúpula central. La primera vez que la visité llovía, y el agua y las nubes le daban un aire melancólico y byroniano a estas falsas ruinas. Hoy hacía un sol inmisericorde, pero el juego de sombras era también muy hermoso. Me encanta entrar, sentarme en los escalones de los pies de la nave central y mirar el cielo abierto a través de los arcos góticos vacíos.

Es inspirador.

Mañana nos vamos de escapada a Oporto. En tren y en primera, como los señores que somos. Ya contaré.

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5 comentarios

Ex-compañero de piso -

El puto Lonely Planet...recuerdo un documental suyo de España en el que decían que las mujeres no encalaban las casas si tenían la regla por ser impuras.

Javivi -

Pues será mi cerrazón maña, pero a mí se me antoja que detestar, como aborrecer, son verbos semánticamente absolutos y no admiten matices. Necesito un filólogo de guardia (y mira que en mi facultad hay a porrillo, pero ¿dónde están cuando realmente se les necesita?) así que he mandado la duda a la RAE. Si responden, haré saber.

Lázaro Carreter -

Cierto, detestar admite grados. Pero no me molestes con bobadas, que estoy aquí elucubrando.

S. del Molino -

Hombre, que me corrija el fantasma de Lázaro Carreter, pero yo creo que el verbo detestar sí admite grados. Puedo detestar algo más que antes o más que otra cosa.

Javivi -

Maravillosa, sí.
Por cierto, dices "cada día detesto más"... pero acaso "detestar" admite "más" o "menos"? No se detesta, sin más? Por cierto: los restaurantes donde se fuma son detestables.
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