Blogia
El Blog de Sergio del Molino

INFECCIÓN DE BILIS

No hay duda. Internet nos ha hecho más guapos, más listos y más molones. La vida es mucho mejor desde que tenemos ADSL y enumerar las ventajas sería inabarcable.

He aquí algunas:

  • Ahora tenemos una gran cantidad y variedad de pornografía a nuestra disposición (¿os acordáis de esos sórdidos cines X que sobreviven en algunas ciudades, donde nunca se vio entrar a ningún limpiador de tapicerías?).
  • Tenemos blogs geniales y divertidos donde se dan a conocer mil genios a los que los medios de comunicación tradicionales nunca hubieran hecho caso (luego están los blogs coñazos como este, todo tiene su reverso tenebroso).
  • Nuestro vocabulario se ha enriquecido muchísimo. Antes de internet, era difícil que se popularizasen términos como bukake, gang bang o fist fucking.
  • Antes hacía falta ser granjero o guarda forestal para ver la eyaculación de una mula o la deposición diarreica de un venado de Alaska con apoplejía, espectáculos hoy al alcance de todos en vídeos que, es cierto, no tienen la calidad de una peli de Spielberg, pero enseñan lo que hay que enseñar.
  • Los chavales de instituto han descubierto que pueden llegar a selectividad usando sólo tres teclas en dos combinaciones: "Control + C" y "Control + V". No pocos periodistas han descubierto también que pueden hacer toda su carrera profesional con esas dos combinaciones, ahorrándose un montón de esfuerzo y disgustos y dedicando más tiempo al bar y a los suyos, así que todos han salido ganando. Algún que otro doctorando sabe que puede acortar considerablemente el tiempo de redacción de su tesis usando ese método. Es lo que se llama la democratización del conocimiento. Antes se llamaba tenerla de cemento armado, pero todo cambia.
  • Con el correo electrónico hemos aprendido que se puede comprar Viagra a precios muy competitivos, que el PowerPoint es demasiado fácil de manejar y está en manos de demasiados cursis e idiotas y que hay una princesa en Namibia que acaba de heredar un fortunón de su padre y nos lo quiere ceder enterito, aunque añada, en un español macarrónico, que para hacer la donación necesita nuestro número de Visa, su PIN y la clave secreta de nuestra cuenta corriente. A veces, esa misma princesa pide ayuda para un niño de Bangladesh que nació sin brazos, piernas ni orejas y necesita 100.000 euros para que le impanten un rabo de vaca mecánico con el que sacudirse las moscas. Entreverados con esos mails aparecen algunos de trabajo en los que tu compañero te informa de que tu compañera Fulanita ha acudido a la oficina sin sujetador y te anima a que subas el aire acondicionado para ver qué pasa.
  • Finalmente, hemos descubierto -quizá con cierta desilusión- que nuestra pandilla de colegas no es la más graciosa del mundo, ya que en YouTube hay un montón de tipejos con la gracia más subida que Chiquito de la Calzada, cuyas ocurrencias hacen palidecer las noches más tronchantes de nuestro más tronchante amigote. Por ejemplo, ahora se ha puesto de moda en Estados Unidos hacer canciones en español. Esta es One Semester of Spanish Love Song. Es decir: La canción de amor del primer semestre de español, compuesta con las frases que aprende un estudiante de español en sus primeros pasitos de aprendizaje:

 

A mí me parece una humorada digna de Muchachada Nui, la verdad.

El colectivo de funcionarios de la administración pública ha sido, sin duda, el más beneficiado por las bondades de internet, pues antes sólo podía llenar sus largas jornadas a base de prensa deportiva y autodefinidos. Sus horizontes laborales se han expandido casi hasta el infinito.

Son sin duda grandes avances, que nos han hecho más felices y más gordos. Y más cachondos, ahítos de porno en baja resolución. Pero donde hay felicidad, hay un cabrón. Es una ley humana. En cuanto dos personas se ríen, aparece un tercero amargado dispuesto a joderles el día.

En internet se llaman trolls. Tienen otros nombres, pero no los controlo. Son los típicos perros del hortelano: el cuñado que te amarga la cena de Nochebuena todos los años y que sabes que alguna vez te clavará el cuchillo de trinchar en el bajo vientre, el vecino que llama a la policía en cuanto pones el disco de Los del Río un poco más alto de lo habitual, el compañero de curro que siempre se chiva de ti al jefe, el jefe que te grita y te humilla, la ex novia que te hace vudú en los testículos hipertrofiados de un muñeco que recuerda muy vagamente a ti cuando llevabas la ropa que te compraba ella, el taxista que te comenta, buscando complicidad, que habría que hundir las pateras a cañonazos, la tertulia de Pío Moa y el publicista que diseña las campañas de ING Direct.

Vamos, los hijos de puta de siempre.

Antes de internet podíamos zafarnos de ellos. Les veíamos venir y podíamos organizar una defensa eficaz antes de que sus esputos se emplastaran en nuestra cara. Pero la red les ha liberado, les ha sacado del ecosistema bilioso en el que vivían encenagados y les ha llevado a ámbitos virtuales en cuyos equivalentes del mundo real jamás se adentrarían.

Es una especie muy común y altamente infecciosa. Cualquiera que tenga un blog se ha encontrado alguna vez con ellos. Por aquí les habéis visto: llegan a tu casa, se cagan en el salón, eructan en tu cara, te dicen de todo, a ti y a tu santa madre, y cuando les dices que ya está bien, que se larguen por donde han venido, te llaman censor. Por supuesto, siempre desde el anonimato.

-Joder, tío, cómo te pones, ¿no? -dicen-. Si no aguantas una crítica... Podré comentar lo que me parezca, ¿no?, que para eso hay libertad de expresión.

Pues no, mira tú por donde. Claro que hay libertad de expresión, pero si vas a defecar sobre mi persona, lánzame los excrementos en la calle, no vengas a mi casa a cagarte en la alfombra. No sé si me explico: el blog y la web de cada cual sólo manifiesta la libertad de expresión de su autor o autores, no de los que pasaban por ahí.

Y eso que de vez en cuando hay alguno que tiene gracia, y no me opongo a los libelistas que libelan desde sus propias atalayas. Allá ellos con lo que dicen y a quién. Hay tribunales y leyes que resuelven esos asuntos, y la legislación española es bastante protectora del derecho al honor y a la propia imagen -y aunque a algunos medios les compensa pagar las multas que les imponen constantemente, no creo que a un particular le salga a cuenta-. Pero no entiendo a los que se pasean por todas las webs dejando cagarrutas en cada una de ellas. Es como si fueran puerta por puerta llamando gilipollas a la gente que está tan tranquila en sus casas. Y encima se ofenden cuando el aludido les da un portazo en la jeta.

No hay nada ni nadie que se libre de su hijaputez, todo les parece mal. Son racistas, filonazis y verbalmente muy agresivos. Contra todo y contra todos. Parece que no discriminan.

Yo, personalmente, estoy más que harto. En tiempos de bisoñez bloguera cometí el error de enzarzarme con alguno de ellos. Ya no lo hago más: les veto (sí, les censuro, sin paños calientes) y me quedo más ancho que largo. Si en la vida real no tolero que nadie me alce la voz, ¿por qué habría de consentirlo en internet?

¿Y por qué habrías de consentirlo tú? Tu web es tu casa. O tu bar. Y tiene también reservado el derecho de admisión si quieres. Si a un tío broncas y nazi le echarías de tu bar sin dudarlo, échalo de la web también. Es un consejo de la DGT.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

2 comentarios

S. del Molino -

Jajajaja.
No, pues no me refiero a esos, la verdad. Esos me hacían gracia y no les censuré nada. Me refiero a otra gente cuya única aspiración es tocarte las gónadas gratuitamente.

Dorothybandarra -

Pinche sergio Si no entiendes lamusik k no t gusta si?pues lo k no tienes k acer es insultarla pok s la mjor k ay y VIBA MAGOOOOOOOOO
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres