Blogia
El Blog de Sergio del Molino

EL EQUILIBRISTA

EL EQUILIBRISTA

Juan José Campanella tiene un grave defecto que a la vez es su gran virtud. Bueno, es un rasgo de estilo -un poderosísimo y definitorio rasgo de estilo- que puede leerse como defecto cuando fracasa y como virtud cuando triunfa. Y en El secreto de sus ojos, que acabo de ver, triunfa.

El defecto-virtud consiste en su vocación de equilibrista. Campanella construye sus pelis pisando la finísima raya que separa lo sublime del pastelón cursi. Es una raya por la que los genios saben transitar sin inmutarse, sin pararse siquiera a pensar que avanzan sobre ella. Campanella no es un genio, pero conoce a fondo su oficio, y la única posibilidad que tiene de llegar al otro lado de la pista sin estamparse contra el suelo es depurar su técnica y confiar en sus habilidades de artesano curtido. A veces, se estampa, como con Luna de Avellaneda o con la serie que hizo para Telecinco, Vientos de agua. Pero cuando acierta... Cuando sabe mantener el equilibrio con soltura, sin dudar ni dar pasos en falso... Ay, amigos, entonces nos regala cine del bueno. No del bueno, del mejor.

Ya desde el título de El secreto de sus ojos, Campanella nos deja claro que va a jugar con el pasteleo. Nos advierte de que va a volver a hacer funambulismo sobre un merengue ultraazucarado, y nos invita a ver si es capaz de no caerse sobre él y acabar de glucosa hasta los ojos. Si no se cae, la historia será redonda.

Tengo que madurarla, pero creo que El secreto de sus ojos es, si no produce algo mejor -y lo tiene jodido, se ha puesto el listón muy alto-, su obra maestra. Ha encontrado una historia con la que se siente a gusto y ha sabido contarla con unos actores -con un actor, un actorazo- que entienden perfectamente lo que quiere de ellos. Todo le ha encajado, todo ha cuajado, todo ha salido con su punto justo de azúcar. Con unos mimbres muy austeros -una trama noir policíaca de lo más clásica, una estructura de mise en abisme y una historia de amor à la ancienne- ha creado una peli fantástica, memorable.

Decía el Guardián de la Cripta que la forma más fácil de llegar al corazón de una mujer era a través de su caja torácica. Campanella ha encontrado un atajo sin cirujía. No necesita bisturí: le basta la cara de Ricardo Darín, a quien le regala una docena de frases sensacionales, que puestas en su boca tienen el sabor de las palabras dichas en el cine clásico, en ese cine de humo y gabardinas mojadas que tanto nos enseñó a vivir.

Darín juega en otra liga. No en la Champions, sino en la universal. En esta peli está a la altura de un De Niro o de un Pacino. Una mirada suya llena la pantalla y atraviesa los corazones de todos los que nos cruzamos con ella. Es brutal, irónico, seductor, perdido, desesperado... Es lo que quiere ser, y al final de esta película -no cuento nada, podéis seguir leyendo: sólo diré que es una secuencia que tiene mucha relación con lo que se hablaba aquí de Primo Levi el otro día- tiene un momento cumbre, gigantesco, titánico. No utiliza palabras, sólo su gesto, pero transmite más que mil tratados de filosofía. Qué tío.

En fin, sirvan estas pobres y parvularias líneas para manifestar mi admiración por esta delicada obra, cuya estética es tan bella como la historia que cuenta, con planos preciosísimos ejecutados con una maestría técnica digna de Billy Wilder. Tiene un hálito clásico, intemporal, profundamente humano, profundamente sincero.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

4 comentarios

henbor -

sobre la serie de Campanella: vientos de agua.

http://fotoruffian.blogspot.com/2009/03/vientos-de-agua.html

Rondabandarra cinéfilo -

Tomo nota, Sergio. Cine del de antes es lo que más necesito en este momento después de ver anoche "Tiro en la cabeza".
Pero antes veré las de Tarantino y Allen: acción y gente hablando que es justo lo que le falta al experimento cognazo del Rosales: http://www.soitu.es/soitu/2008/09/23/actualidad/1222195161_666593.html?id=203a3a9c50378381eed4a7094562152e&tm=1254472932

S. del Molino -

Yo iba predispuesto con Luna de Avellaneda, pero después de El hijo de la novia, la verdad es que me pareció desmembrada.

Enrique -

Gracias por el comentario. La veré. A mí "Luna de Avellaneda" me gustó mucho, sin embargo. Es probable que sea porque yo soy un poco pastelero o porque contaba una historia que me recordaba a algo personal y me tocó.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres