Blogia
El Blog de Sergio del Molino

NOSTALGIAS Y DECEPCIONES

NOSTALGIAS Y DECEPCIONES

Me llama Julio, viejo compañero de tumbos madrileños, para felicitarme por mi inminente paternidad. Le noto un poco flipado, incrédulo. No se termina de imaginarme cambiando pañales, pero se alegra un montón. A Julio le veo muy de cuando en cuando, soy un desastre absoluto, ya que mis visitas a Madrid suelen ser fugaces y semiclandestinas, y no me da tiempo de abrazar a todo el que quiero abrazar, por eso reduzco siempre mis escarceos. La última vez que nos vimos nos encontramos por casualidad en el Manuela. Abandonó a la gente con la que iba, se unió a nuestro grupo y creo que intentamos ponernos al día a grito pelado en varios bares llenos a reventar. Es un tío alegre, chisposo y disparatado. La compañía perfecta para una noche en Malasaña.

Julio tiene el gravísimo defecto, como yo, de ejercer el periodismo. Lleva tiempo haciéndolo en Europa Press, donde parece haber anidado al fin después de pasar por todos los rincones posibles de Telemadrid. Pero esa es su identidad de día. Su otra faceta fantomásica la acaba de desvelar en un blog (¿dónde si no?) que se titula Madrid no duerme. Allí descubre su Madrid nocturno y crapulento, ese que ha conocido a fuerza de noches y noches dejándose la salud por las esquinas. Recuerdo que Julio siempre descubría los garitos más inverosímiles en calles que ni sospechabas que existiesen, y ahora vuelca su sabiduría noctámbula en la red, para compartirla con los profanos que creen que la noche en Madrid se limita a caminar Gran Vía arriba y Gran Vía abajo.

Pero si lo comento aquí no es por hacer propaganda al amigo Julio -que también-, sino porque uno de los últimos artículos está dedicado al Clandestino. Y ahí me ha exprimido la glándula de la nostalgia.

El Clandestino es una covacha de la calle Barquillo, muy cerquita de lo que fue la Casa de Tócame Roque -una placa lo recuerda-. Es un sitio claustrofóbico, donde los tipos grandullones y torpes como yo nos vamos dando con los techos y las columnas. Tiene muy poca luz, ambiente catacumbario y, en tiempos, era de los últimos bares en cerrar que no te cobraban entrada, así que era muy recurrente.

En el Clandestino abandoné mi fe en el rock and roll. En el clandestino me hice nihilista y dejé de preocuparme por el futuro y por el pasado. Por los ladrillos de sus paredes se escurrieron para siempre algunos prejuicios y en su arcana penumbra me juré no abandonar nunca Madrid, que no me sacaran de esas calles si no era con espátula.

(Bueno, a lo mejor exagero un poco: hubo más bares, y no sé exactamente en cuál de ellos tomé la determinación).

Por supuesto, abandoné Madrid. Hace demasiado tiempo ya. Nunca hay que hacer juramentos sobre nada, porque es la forma más fácil de que suceda lo contrario a lo deseado.

Hay gente -creo que Julio es uno de ellos- convencida de que mi ausencia de Madrid es temporal. Ahora, mi inminente paternidad les hace sospechar que quizá no vuelva nunca.

Yo también lo empiezo a sospechar ahora (aunque nadie sabe nunca dónde estará mañana).

En realidad, lo sé desde hace tiempo, claro.

Me abofeteo y le doy tres vueltas al cilicio, pues no me permito nostalgias estúpidas. Dejo el blog de Julio y vuelvo a la lectura de este fin de semana. He cogido, casi por azar, El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sabato. Lo leí hace mucho -cuando aún iba al Clandestino- y recuerdo que me pareció revelador y sensato al mismo tiempo. Yo era un gañán que se creía letraherido y me tomé algunos pasajes como una especie de manual de escritura para mis balbuceantes creaciones.

Por supuesto, al leerlo este finde me he caído del guindo.

Hay pasajes de un simplismo atroz; planteamientos estéticos muy rudimentarios, y debates viejunos, anquilosados y superadísimos.

El libro es de los años 60, y en él, Sabato se mete mucho con la novela americana de la década anterior, muy influida por el conductismo. Frente a la introspección y al narrador omnisciente propios de la gran novela europea (especialmente, rusa y francesa), los autores americanos de la posguerra practicaban una técnica descriptiva basada sólo en la acción. Una técnica muy del gusto de la generación beat, claro. No había evocación de sentimientos, ni procesos mentales, ni interioridades. Los personajes salían de casa, cogían el coche, iban al trabajo, asesinaban a sus esposas y se bebían un whisky. Pero el narrador no nos contaba lo que le pasaba por la cabeza al cargarse a su cónyuge, ni si le carcomían los remordimientos o el dolor. Sólo le veíamos tomar un whisky.

Sabato, como un viejo cascarrabias, dice que eso es una barbaridad, que para eso ya está el cine, que la novela tiene que respetar al lector y ofrecerle una panorámica de la devastación interior del personaje. Y bla, bla, bla.

Ay, Sabato, pobre Sabato. Parece el vecino de arriba protestando contra los jóvenes de abajo que ponen la música muy alta.

El tiempo ha dado la razón a los americanos, claro. Esa técnica es muy efectiva para transmitir al lector la angustia de la nada, la angustia de los vecindarios de la clase media, el vacío inabarcable del poderoso hombre blanco, ahíto y decadente en sus automóviles brillantes y sus chalets con jardín.

Nuestro vacío, vaya.

Cheever lo entendió de puta madre. Pero a Sabato, Cheever le parece un mindundi, un joven melenudo que va por la calle con unas pintas que no son de recibo. En mis tiempos -dice Sabato-, se leía a Proust. Proust sí que era un caballero, un gentilhombre que te contaba con pelos y señales todo lo que le pasaba por la cabeza al personaje, y no estos guarros que no saben hacer un monólogo interior en condiciones.

Hay otras invectivas contra cierta literatura que él llama "lúdica" que me parecen también propias de un amargado que no sabe de dónde le viene el aire.

Qué desilusión.

Bueno, hay cosas del libro que están bien. Las reflexiones sobre Borges son muy certeras, y tiene aforismos brillantes, pero el resto suena acartonado y rancio. ¿Cómo pudo deslumbrarme así? Amigos: no releáis nunca, que se caen los mitos.

Me quedo con una cita de Caldwell incluida en el libro:

La profesión de escritor tiene un lado penoso, que consiste en que el trabajo lo obliga a uno a mezclarse con una serie de literatos. Para guardar las apariencias, una o dos veces por año, hay que concurrir a una reunión y pasar varias horas en compañía de críticos, autores radiales y gente que lee libros. Todos ellos hablan una jerga que sólo pueden entender los literatos. Únicamente después de proceder a una purificación de fondo puede uno recobrarse y caminar con la cabeza en alto, como un ser humano.

Sólo un apunte, Mr. Caldwell: ese lado penoso de la profesión de escritor es el único que le importa a muchos que se dicen escritores o aspirantes a. Para ellos, escribir no es un fin, sino un medio, una ceremonia iniciática para alcanzar el estatus de literato y poder pasar su vida de canapé en canapé. Por supuesto, nada tiene esto que ver con la literatura, que se construye en tardes lluviosas y solitarias con escritores y lectores que se encierran en pijama en sus casas.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

3 comentarios

Julio -

Gracias por la mención, llámase propaganda, ja ja. Aún me quedan muchos garitos y situaciones por las que pasar en esta ciudad. No se aburre uno, Pero tú siempre serás el maestro.
Un día yo también hice una promesa, pero inversa: la de no volver a mi pueblo. Creo que la cumpliré. Y sí, que razón tenéis. Los antros son en realidad la transposición de tu yo anterior. Pero nostalgia la justa. Salud, don Sergio. Julio.

S. del Molino -

Por supuesto: son metonimias. Esos bares no son bares, soy yo. Lo dijo Byron:

Are not mountains, waves and skies a part of me and my soul, as I of them?

Sustituye ese paisaje romántico por lo que quieras. En mi caso, un bar mugriento.

Javier López Clemente -

En esos baños de nostalgias a veces me asalta una duda: ¿No estaremos sobrevalorando el valor de los bares, de lo geográfico frente a lo orgánico? ¿No será que lo que añoramos es la amistad en estado bruto?

Salu2 Córneos.
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres