Blogia
El Blog de Sergio del Molino

ENTRE DOS TIERRAS

ENTRE DOS TIERRAS

Hoy, Pablo y su pediatra se han conocido. Andaba yo algo preocupado, porque no me hacía gracia la perspectiva de encontrarme a un señor desabrido, funcionarial y resentido toquiteando el frágil cuerpo de mi cachorro. Pero, una vez más, la vida nos ha sonreido, y parece que Pablo va a tener un pediatra fantástico, muy simpático y cariñoso, uno de esos médicos que te hacen sentir bien, que te curan con un par de frases tranquilizadoras.

Pablo se ha relajado tanto con su buenrollero pediatra que se ha meado en mitad de la consulta. En plan géiser, como suele hacer, regándolo todo a conciencia. Luego, en casa, ha repetido el número con mi camisa como diana, y por la noche, cuando intentaba darle un baño, ha hecho otro pase apuntando a otra camisa recién sacada del tendedero. Para rematar, ha regurgitado sobre la camiseta limpia que me acababa de poner. Me tiene manía o me ama demasiado, porque a su madre no le hace esas cosas. Ya se sabe: las madres son sagradas y los padres están para ser meados y cagados cuando convenga.

Expresiones de amor filial -y fluvial- al margen, cuento lo del pediatra porque, aunque llevo muy poquitos pasos andados en este extraño y permanente estado de paternidad, empiezo a percibir ciertas actitudes y cierto ambiente sectario que me está dando muy mal rollo. No por mi hijo, que se contenta con dejarme sin ropa limpia y con el que tengo una relación de lo más fluida (no sólo por lo mucho que lubrica las relaciones la orina -que se lo digan a Pedro J.-, sino por las rutinas que estamos estableciendo y que nos unen más que la teta de una madre: usar las canciones de La Polla Records como nanas, acunamientos desenfrenados a ritmo de los grandes éxitos del punk rock español, desde Cirrosis a Parálisis Permanente, pasando por Eskorbuto y, a veces, hasta Porretas, e imitaciones de llanto de bebé alla maniera de Faemino y Cansado. Hasta la fecha le distingo dos tipos de llanto: "neee" y "buaaa". El primero es más desganado e indica hastío y desencanto vital, y el segundo es un sustitutivo de me voy a cagar en todas tus muelas, y lo haría de verdad si no llevara pañal y pudiera orientar mi culo hacia tus muelas).

Como digo, el mal fario que me está dando la paternidad no tiene que ver con mi hijo, sino con ese grupo sectario y tenebroso que conocemos como "los otros padres". Como toda secta, quieren cooptarte, pero no a cualquier precio: tienes que pasar por varios ritos iniciáticos que no te especifican con claridad, pero cuya crueldad y sofisticación sadiana intuyes de reojo. Y lo peor es que no puedes buscar refugio ni consuelo en el bando contrario, el de los chicos jóvenes que no son padres y se emborrachan todas las noches. Ellos han dejado de considerarte uno de los suyos y te dejan bien claro que no van a poner su hombro para que les llores ni para que tu hijo les vomite. Así que, o entras en la secta de "los otros padres" o te quedas solo en casa escribiendo en tu blog.

En la consulta del pediatra, por ejemplo. En la sala de espera. A simple vista, parece una sala de espera normal. Gente aguardando ser atendida y una enfermera que de vez en cuando va gritando nombres. Buscas un sitio cómodo para ti, tu chica -todavía flojucha de los días de hospital- y tu cachorro, y te dispones a dejar pasar el rato como harías en cualquier otra consulta médica. Pero, a los pocos minutos -todo depende de lo que se alargue la espera-, empiezas a notar una presión incómoda y difícil de concretar. Son miradas extrañas que percibes fugazmente, bisbiseos, susurros y sonrisas torcidas.

Hasta que una madre rompe el hielo y se lanza a hablar: ya estamos en su red, somos una presa fácil. Somos padres primerizos con cara de pardillos. Se nota que es nuestro primer hijo por la atención desmedida que prestamos a cualquier movimiento del crío. No lo sabemos, pero nos hemos convertido en objetivo a abatir. En el alimento ideal de una madre-depredadora con dos o más crianzas en sus pechos y espaldas.

Lo que empieza como una conversación inocente deviene pronto un tercer grado. La madre-depredadora está calibrando si realmente tenemos madera de padres, si merecemos entrar en el club y si somos aptos para superar las pruebas iniciáticas, las que nos otorgarán las credenciales para disfrutar de los columpios del parque y de las tiendas de chuches en igualdad con los otros padres. Nos reprocha lo blandos que somos (porque se ve a la legua lo mucho que mimamos al niño, dice), nos exhibe sus hitos ("a la primera -emplean ese lenguaje en clave, hay que entender que por "la primera" se refiere a su hija mayor- no le dejé sentarse hasta los nueve años, que luego se malacostumbran y quieren sentarse en las sillas, y eso no puede ser. Con los chupetes y las sillas hay que ser muy estricto), sus trofeos ("apenas vengo al pediatra, porque mi hija está más sana que una manzana". Subtítulos: porque yo sí que soy una pedazo de madre que la cuida, y está por ver que vosotros estéis hechos de esa pasta, a lo mejor os las tenéis que ver con los servicios sociales o con el juez) y sus heridas de guerra ("una noche, el mediano casi se ahogó con el pene de plástico que venía en un huevo Kinder. Menos mal que mi marido hizo un curso de primeros auxilios y le practicó el boca a boca hasta extraerle el pene").

Nos está probando, qué duda cabe. Pretende apabullarnos. Probablemente intenta desanimarnos con el secreto deseo de que le entreguemos a nuestra cría, pero nosotros nos hacemos fuertes en el nido y protegemos los huevos. Yo, íntimamente, confío en que si la madre-depredadora se acerca demasiado a Pablo, éste responderá con un letal ataque de orina en toda la cara.

De vez en cuando intervienen otras madres-depredadoras, marcando el territorio, dejando claros sus vastos conocimientos de la ciencia de la maternidad y recordándonos que esto no es un camino de rosas, que nos quedan muchos pañales, muchas noches en vela y muchas funciones escolares para ganarnos su respeto.

En otras palabras: que no nos creamos que somos padres por el mero hecho de tener un hijo. Sólo seremos merecedores de ese título cuando hayamos sufrido lo que han sufrido ellas.

¿Hay que aclarar que nos envidian? Envidian el brillo que todavía se aprecia en nuestros ojos, porque de los suyos hace tiempo que desapareció. Añoran los días en que no deseaban asesinar a los monstruos de sus hijos. Añoran los días en que conversaban con adultos sin niños interrumpiendo. Añoran las noches en las que podían follar haciendo mucho ruido.

Pero no nos contagiarán su postración. Lo tenemos claro. Nos haremos fuertes.

Por eso nos vamos a tomar un vermú al Tubo, buscando el amparo de nuestra gente, la que hasta hace dos días nos saludaba con afecto y celebraba nuestras bromas con carcajadas. Nos ven, saludan a Pablo, nos dan la enhorabuena y... se excusan con suavidad. Se dan media vuelta y se sitúan a una distancia prudencial. Y desde ella nos lanzan tenues miradas de reproche que dicen: "Qué vergüenza, con un bebé y por ahí de vermú, como si no tuvieran responsabilidades, cuando deberían estar en su casa lavándose esa ropa que huele a pis y no bebiendo cerveza junto a una criatura tan pequeña". Ya no estamos en su mundo, nuestras bromas ya no les hacen gracia. Somos grotescos, unos pervertidos, unos outsiders.

Aquí estamos, en tierra de nadie, a resguardo -de momento- de las madres-depredadoras y desterrados de nuestra vieja tribu. Le cantaré a Pablo otra canción de La Polla Records antes de que se me mee otra vez.

Foto: cuando escucha a Charly García, a Pablo le gusta morderme la nariz con su boca desdentada. Todavía no ha aprendido a diferenciarla de la teta de su madre. Para él, todos los apéndices del cuerpo alimentan por igual.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

8 comentarios

Dani -

De un padre que aún no ha perdido el brillo: ¡enhorabuena! y disfrutalo, que es lo mejor de la vida. Y por Dios, no dejes de escribir.

Chelita -

Sergio resiste!!! Una persona nunca debería renunciar a tomarse una cañita, sea padre o no. Las madres-depredadoras son unas aburridas y envidiosas, y los amigos de borrachera unos inmaduros egoístas... pero que te voy a contar que tú ya no sepas. Besos y ánimo!

Antonio Pérez Morte -

LLevo un tiempo "desenganchándome del vicio" y no me había enterado del feliz acontecimiento!
¡Un abrazo grande para los tres!

Javier López Clemente -

Hace poco estuve esperando a una amiga a la salida de su trabajo en un centro del SALUD. Me equivoqué y la estuve esperando en una sala rodeado de siete preñadas.
No se que decian, el mp3 lo llevaba a tope, pero sus miradas, codacitos y sonrisas me tenían acojonado. Simplemente me fui corriendo y acojonadito.

Salu2 córneos.

Mario -

Siempre quedará el R´nR... Por Dios, tío, qué angustia... Si es que el ser humano debería concebir y luego ser comido por los hijos, como ahorro termodinámico, reciclaje de residuos y medida de higiene mental...

S. del Molino -

Severiano: esas son muy buenas. Pero hay más: las puericultoras aficionadas que te recomiendan libros que a ellas les cambiaron la vida son de las más insoportables.

Chewi: hemos tomado dos vermús aprovechando el veranillo de San Martín y que había algunas terrazas y barriles en las calles del Tubo, pero cuando empiece el frío de verdad, se acabó: yo no meto a Pablo en un bar hasta que no prohíban fumar del todo en ellos. Por cierto: ¡prohibición ya!

Chewi -

Ya andais en modo vermú?
Cuando tomamos uno? Prometemos guardar distancia prudencial, pero nos llevaremos a Pablo y nos distanciaremos de vosotros... Qué le vas a hacer!

Severiano -

Te falta la supermadre que habla en el dialecto "me":
-Me come muy bien y me ha puesto trescientos gramos, y además me duerme bien, pero me hace caca a todas horas.

Esta supermadre parece que ha olvidado la capacidad de hablar por sí misma. Si va con el niño, habla como los ventrílocuos:
-Hola, Pepita, cómo te va.
-Dile bien, dile vamos al parque a jugar, dile que esta noche he dormido fatal, dile luego voy a depilarme las ingles.

No te dejes abducir por las madres. ¡Resiste!
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres