Blogia
El Blog de Sergio del Molino

DIÁLOGO DE BESUGOS

DIÁLOGO DE BESUGOS

La que se ha liado. El Gobierno quiere crear un órgano dependiente del Ministerio de Cultura que podrá decretar directamente, sin pasar por el juez, el cierre de páginas web que alojen o faciliten sin permiso enlaces de archivos sujetos a derechos. Ante esto, alguien ha redactado un manifiesto titulado En defensa de los derechos fundamentales en Internet, que pretende expresar el cabreo de (cito textualmente) "los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet". Ya hay miles de adherentes y un montón de medios se han hecho eco del asunto.

El manifiesto es una melonada mayúscula, pero no mayor que las que nos tenemos que oír del bando presuntamente contrario, el de Ramoncín. Lo que parecía un debate interesante ha acabado convirtiéndose en una gresca de bar. Proclamar, por ejemplo, como proclama este manifiesto, que el fin del derecho a la propiedad intelectual es "devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras" indica que quien lo ha escrito es muy tonto o cree que los demás somos muy tontos. ¿Alguien piensa que el derecho a la propiedad intelectual se institutuyó para esas cosas en vez de para que los autores de las ideas puedan lucrarse difundiéndolas y explotándolas?

La cosa parece clara: por un lado hay una industria cultural que, tras varias décadas de generar millones y millones a porrillo, está viendo cómo los públicos que hacían posible su opulencia se fraccionan y desaparecen. Por múltiples causas, muchas de ellas ajenas por completo a internet. Es una industria, y por supuesto que se aferrará con uñas y dientes a su negocio, intentando por todos los medios que no se hunda. Y si para ello tiene que sacar los tanques a la calle, lo hará. Y no sólo los malos malotes de los empresarios: los curritos cuyos sueldos dependen de la opulencia de ese negocio no creo que estén dispuestos a irse al ropero de Cáritas sin presentar batalla antes. Otra cosa es que el Gobierno se preste a dejarles los tanques. Es algo que todo el mundo entiende a la perfección cuando el afectado se llama General Motors o Nissan, pero que se ignora -o incluso se celebra- cuando se llama Prisa, Disney o EMI.

En la otra esquina del ring hay una amalgama de "periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet" (manifiesto dixit) que reclaman justamente que Ramoncín no les criminalice por descargarse gratis la peli esa del fin del mundo de los mayas. De acuerdo. Pero más allá de esa demanda razonable -y de que se cuestione que se puedan cerrar webs sin mandato judicial- no entiendo nada de nada. De verdad. Si quieren tomar al asalto el Palacio de Invierno del emule, que lo digan abiertamente, que se lancen a degüello no contra Teddy Bautista, sino contra Steven Spielberg y George Lucas. Que les dejen en pelota picada y cuelguen sus cabezas del palo mayor. Lo que no entiendo es que quieran que Spielberg y Lucas les regalen pelis, que se conviertan de la noche a la mañana en buenos samaritanos que van de pueblo en pueblo llevando la ilusión sin cobrar nada a cambio. A lo mejor los "periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet" tienen otra escala de valores que les hace mejores personas, pero puedo asegurarles que Spielberg y Lucas se metieron en este negocio para forrarse los dos riñones de oro macizo, y si en vez de oro macizo tienen que emplear cobre o latón porque la gente no pasa por caja, invertirán sus fortunas en la industria farmacéutica o en minas de diamantes de Ruanda.

Me da la impresión de que en todo este debate de las cosas pirateras se obvia algo que le resulta evidente a mi sobrina de cuatro años y que muy pronto le resultará igual de evidente a mi hijo de menos de un mes: que la cultura de masas capitalista sólo existe por una cuestión de oferta y demanda. Elvis Presley, Fernando Savater, La Hora Chanante, César Vidal, La Ronda de Boltaña, Chiquito de la Calzada, George Steiner, la poesía beat, Joan Baez, las novelas de Carvalho, Paco Martínez Soria, Locomía, António Lobo Antunes, los esputos de Pérez Reverte y Las señoritas de Aviñón deben su existencia al público, y no a un Geist platónico ni a las musas ni al indomable guerrear de un pueblo orgulloso. Son productos de una industria cultural, y en ese contexto viven y tienen sentido. No han sido transmitidos oralmente a la comunidad por el más anciano del lugar ni son creaciones desinteresadas y colectivas de una aldea de superdotados.

Es la grandeza y miseria de la industria cultural, pero no podemos decir que no nos lo advirtieron. En 1944, dos filósofos de la Escuela de Fráncfort, Max Horkheimer y Theodor Adorno, publicaron un denso libraco titulado Dialéctica del iluminismo. Si no lo han hecho, quizá los promotores de ciertos manifiestos deberían empezar por leerlo. Allí, los dos alemanes esbozan su teoría de la "industria cultural" y argumentan hasta qué punto su mera existencia ha destruído lo que tradicionalmente se consideraba cultura en Europa. La cultura no siempre ha sido una mercancía. La cultura no siempre se ha transmitido en términos de producción y consumo, nos dicen. Pero, cuando empezó a mercantilizarse, se colocó en un punto de no retorno: al convertirse en industria, la cultura firmó su sentencia de muerte. Cuando la rentabilidad sustituyó a la excelencia como criterio dominante, se acabó lo que se daba. No sólo se rebajó a los creadores a la condición de proletarios o, en el mejor de los casos, de mercachifles obligados a vender sus productos en la plaza, sino que se establecía claramente que, el día que la industria dejase de funcionar por falta de clientes, la cultura dejaría de existir. Esto, que parece lógico y evidente, sólo empezó a ser así a partir del siglo XIX, cuando en occidente aparecieron los públicos, democracia mediante, y el arte dejó de ser palaciego. Es decir, cuando los antiguos mecenas se convirtieron en inversores y patronos que esperaban recibir algo (más bien mucho) a cambio.

Goethe, por ejemplo, nunca tuvo que preocuparse de otra cosa que no fuera estar a buenas con su protector, el duque Carlos Augusto, que le dio una casita y le dejó hozar por la campiña de Weimar con todas las mujeres de la corte para que, los ratos que no andaba dándole al frotis-frotis con una dama de alta alcurnia, compusiera el Werther y el Fausto. Goethe los escribió sin preocuparse de plazos de entrega, sin tener que adular a ningún editor, sin montar presentaciones ni preocuparse por obtener una buena crítica o cobrar un anticipo digno. Robert Louis Stevenson, unas pocas décadas más tarde, ya creció en otro modelo: sin duque Carlos Augusto y sin casita en Weimar, tuvo que buscar la manera de agradar con su literatura a unos editores que no le apreciaban por ser amantes del arte, sino porque querían ganar viruta con sus libros. Goethe fue el último gran escritor anterior a la industria cultural, y Stevenson fue uno de los primeros pelotazos -y yo diría que una de las primeras víctimas- de ésta.

Cuando los manifestantes dicen: "Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir" no están diciendo nada. ¿Qué son alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles? La cosa es bien sencilla: yo produzco, tú consumes. Si tú no consumes, yo no produzco, me llevo la pasta a otro lado y tú vuelves a la tradición oral y a los romances de ciego, que es lo único que puede sobrevivir sin industria.

Lo dijeron bien clarito los Sex Pistols en su gira de regreso en 1997, titulada Gira del Lucro Indecente: "Estamos en esto sólo por la pasta". Yo, como currito de la industria cultural -la prensa es parte fundamental de ella-, te aseguro, por si alguien lo dudaba, que no aprieto una sola tecla en el ordenador del periódico si no me pagan. Y no le haré ascos a cuantos aumentos de sueldo quieran proponerme. Sí, me metí en esto por afán de lucro, siento desengañaros. Un lucro miserable, bien es cierto, pero que al menos nos permita a mi hijo y a mí pasar el invierno calentitos sin preocuparnos por la factura de la calefacción.

La cuestión es más radical y dura: ¿necesitamos/queremos una industria cultural? Y aún más: ¿seríamos capaces de generar una cultura (una cultura de verdad, con su literatura, su artisteo y su musiqueo, nada de cuatro adolescentes granudos montando vídeos en YouTube o unos tíos con barba sermoneando como yo en un triste blog), sin una industria? Hace años (quizá demasiados: yo era un pimpollo sin desvirgar), un grupo de bebedores habituales de ron que hacíamos una revista llamada Derraíz creíamos que sí que era posible, y tratamos de argumentarlo en unos cuantos números en los que dimos voz a gente muy interesante (fuimos los primeros que publicamos en España obras del colectivo Luther Blisset, que proponían cosas muy dadaístas y divertidas). Pero el esfuerzo nos agotó y, cuando vimos que aquello no nos reportaba ni un duro, a pesar de que nos divertía un montón, acabamos dejándolo. Todavía tenemos pendiente liquidar los magros fondos de la revista en una juerga de despedida, pero la hemos postergado indefinidamente porque sentimos que hacerla sería oficializar nuestro fracaso. Y somos de los que no damos nuestros brazos a torcer.

Foto: el disco de la gira del lucro indecente.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

14 comentarios

Severiano -

Rubén, da la casualidad de que soy bibliotecario. En las bibliotecas no hay plazos de demora: si procura comprar los materiales en cuanto salen a la venta. Pero al margen de eso, que es marginal, de lo que se trata no es de que los productos culturales se ofrezcan gratis en las bibliotecas, la radio, la televisión o en la plaza del pueblo cuando el ayuntamiento organiza una verbena. Se trata de que en todos esos casos se respeta la propiedad intelectual y los productos culturales se ofrecen al público de acuerdo con unas normas legales.

Con internet, el núcleo del problema es que las redes P2P están destruyendo los canales de comercialización, porque permiten la distribución de productos culturales al margen de toda norma legal y vulnerando los derechos de los titulares de la propiedad intelectual de esos productos. Eso antes se llamaba robar o hurtar y consistía en llevarse un disco de vinilo de la tienda sin pagar. Ahora se le da una capa de teoría para que no se note tanto, pero es lo mismo. La gente lo que quiere es llevarse discos a puñaos.

Cardenal Soldevila -

Hola. Vuelvo de entre los muertos para pedir perdón. No quería llamar "autoproclamad@s artistas y demás gente chachi" a los creadores. La frase es: "Lo que sí que habría que hablar largo y tendido es quién es el o la dueñ@ de la cultura, l@s autoproclamad@s artistas y demás gente chachi." y quería enumerar. No sé si me explico; lo que quería decir es "Lo que sí que habría que hablar largo y tendido es quién es el o la dueñ@ de la cultura y quienes son l@s autoproclamad@s artistas y demás gente chachi."
No decía que tod@s l@s creadores/as sean chachis ni que tod@s l@s dueñ@s de la cultura sean creadores. El desprecio iba más a quien se autoproclama artista y va a agapés para artistas y en los que sólo caben artistas, pues probablemente alguien que trabaje en una fábrica no pueda entender lo duro que es ser un incomprendido. Los creadores me caen bien. Reitero las disculpas para tod@s aquell@s creadores/as que no sean chachis (como Picasso y Estopa).
Y ahora, como me diría mi abuela: "eso es, tú arréglalo... ¡anda que!"

Rubén -

Severiano, intentó completar mi visión respecto a las obvias necesidades económicas de los creadores.
En una biblioteca consumo literatura gratis, en la radio consumo música gratis, en la televisión consumo cine gratis y en una exposición consumo arte gratis. En Internet puedo consumir todo eso, y más, también gratis. ¿Cual es la diferencia? Pues que en los cuatro primeros ejemplos previamente se han abonado determinadas cantidades económicas en concepto de derechos de autor para obtener su difusión, cantidades además que suelen ser fijas, a modo de canon, y no dependen de los contenidos concretos ni de los usuarios que finalmente consuman ese producto. Una segunda diferencia es que, en el caso de las bibliotecas o la televisión, también se deben cumplir unos plazos de demora que permitan la explotación comercial en circuitos más lucrativos. En ningún caso se ataca al "consumidor", es más, se potencia que sea más numeroso y se alaba el que crezcan los usuarios de bibliotecas, oyentes, espectadores, etc.
Coincido contigo y con Sergio en que con el tiempo nadie pagará por lo que puede adquirir gratis a no ser que se acompañe de otros contenidos exclusivos, pero el consumidor no está vulnerando los derechos del creador, por lo menos no mas ahora que hace cien o cincuenta años. Es el nuevo intermediario el que los ha vulnerado y sobre el que hay que intervenir, pero esa intervención no puede ser administrativa sino judicial: obligar al pago previo correspondiente. Es una intervención que no se soluciona en una mesa con gente de internet que reconoce no representar a nadie y una ministra desorientada que lleva tres meses en el cargo. La complejidad de internet que conlleva su naturaleza globalizada hace que incluso judicialmente la solución sea compleja al superarlas legislacionas nacionales. Esta intervención solventaría en parte esa discriminación hacia la creación que se está produciendo actualmente, pero solo una parte, pues las redes P2P permiten el intercambio sin intermediario, ni página web ni servidor centralizado ni nada, usuario a usuario, y eso es como intentar impedir el bookcrossing o que yo le preste una película en DVD a mi prima.
Aún voy a ir un poco más allá en mi hipótesis. Si la industria cultural musical no llevara tanto tiempo enrocada en sus, en otro tiempo, lucrativos principios, esta polémica no existiría, y los creadores no se habrían visto tan mermados. Tenía que haber sido la propia industria musical la que en un primer momento reconociera las posibilidades de negocio en internet y comandar la transición hacie el nuevo canal. Decir: ojito a quien quiera meterse, yo soy el que sabe de esto y lo voy a seguir siendo aunque cambien los modos y las formas (Creo que las editoriales, más espabiladas, es la senda que han escogido promocionando cada vez más contenidos digitales). Pero no fue así, y se ha dejado comer un terreno que dudo mucho pueda recuperar. A esto me refiero cuando digo que no entiendo que los propios creadores sigan defendiendo a quien ha contribuido a su deterioro. Continuando con el simil de los aguadores, muchos se convirtieron en fontaneros y perduraron, otros siguieron vendiendo aguas de sabores o aguas de superior calidad (vease CDs de luxe con libreto, entrevista y hasta calzoncillo del artista) y languidecieron hasta desaparecer.

Mapis -

Polemista eres, Sergi.
A ver cuando vamos a ver a tu nene, que no tenemos perdón de Dios. Espero que no nos cobres canon como autor de la criatura, o por lo menos que lo compartas religiosamente con Cris.

Severiano -

Rubén, mucha teoría (con la cual estoy en parte de acuerdo) pero no das ninguna solución para el meollo del asunto: la distribución de copias de productos culturales sin permiso de los titulares de los derechos de propiedad intelectual.

Antes, con el vinilo, una parte de los ingresos de los músicos procedía de la venta de copias de su trabajo. Ahora, con los formatos digitales e internet, esa fuente de ingresos está a punto de desaparecer. Lo del acceso universal a la cultura, etc., no son más que paparruchas para encubrir el hecho fundamental: el público se ha acostumbrado a pillar gratis lo que antes era de pago, y no quiere volver atrás.

El acceso universal a la educación pasa por la educación obligatoria y gratuita, pero nadie se ha planteado que los maestros trabajen gratis. Pues con la música lo mismo.

Rubén -

Como siempre, muy acertado el posicionamiento de tu análisis y con conocimiento de causa, antecedentes y consecuencias.
Escribo algunos pensamientos complementarios:
1-Si, toda la cultura se mercantiliza. Velázquez fue pintor de corte y Andy Warhol un artista broker, pero con ambos ha habido otra mucha gente que ha ganado mucho dinero.
2-No, no toda la cultura está industrializada. El concepto de industria se relaciona fundamentalmente con la cantidad, y comprende el establecimiento de un proceso en mejora continua que permite la producción seriada y la existencia de canales que llegan directamente al cliente. Dentro de cultura, esto existe para música grabada, cine, radio, televisión, fotografía, videojuego y libro. Existe parcialmente para determinadas artes plásticas, pero no para otras, ni mucho menos para las artes escénicas. La propia evolución de algunos profesionales de la cultura ha consistido en una intensificación de la actividad en las disciplinas industrializadas: muchos intérpretes de música no efectúan actuaciones en directo y muchos actores no han pisado nunca un escenario teatral.
3-La propia dinámica de mejora continua de los procesos industriales conlleva a la larga la innecesariedad y supresión de algunos de sus componentes. El desarrollo de maquinaria en el siglo XIX suprimió puestos de trabajo de fuerza bruta, el de la informática a finales del siglo XX transformó labores técnicas en mera supervisión. El desarrollo de Internet deja sin funciones reales a los intermediarios distribuidores, al igual que las tuberías dejaron sin trabajo a los aguadores.
4-La propia dinámica de mejora continua de los procesos industriales conlleva la aparición de nuevos componentes necesarios. Las máquinas y los ordenadores que suprimieron puestos de trabajo se fabricaban también por personas. La aparición de tuberías hizo necesaria la existencia de fontaneros al igual que Internet es un nuevo medio de comunicación que requiere de importantes infraestructuras técnicas y de un tratamiento específico de los contenidos.
5-En definitiva, el propio concepto de industria cultural implica renovación, y la tendencia actual no se dirige, como comúnmente se cree, a la eliminación de los soportes, sino a la utilización de otros nuevos que mejoran enormemente la distribución y la accesibilidad. No es un cambio muy diferente al paso del vinilo al CD o de la televisión analógica a la digital, incluso es menos gravoso para el consumidor.
6-Estos cambios no afectan a los contenidos. Dante y Cervantes desarrollaron su obra de igual manera hubiera o no imprenta, y el agua que llegó por las tuberías era la misma que la que se transportaba en cántaros. No entiendo el disgusto de determinados creadores culturales, que ahora tienen a su alcance más facilidad y posibilidades de difusión de su obra que antes, si no es porque dan más importancia a la dimensión industrial de su obra que a la puramente creativa.
7-Los creadores culturales son seres humanos, si, comen. Los intérpretes de música (personalizo en ellos pues también son el sector más beligerante en esta cuestión) necesitan de sustento al igual que los ilustradores, los periodistas, los guionistas de radio y televisión, los fotógrafos, los actores, los compositores, etc., que en mi opinión son igualmente creadores culturales y aceptan ser contratados y cobrar un sueldo por el desarrollo de su trabajo, que además puede luego reportarles beneficios extraordinarios. Un actor de cine cobra un sueldo pactado contractualmente por su trabajo en una película. Los compositores también aceptan encargos por una contrapartida económica. Esto tampoco debiera afectar al contenido en sí que desarrollan, a su libertad creativa.
8-Si, una industria cultural puede existir y evolucionar sin sustentarse exclusivamente en los rendimientos del producto que ofrece. Por qué nadie cuestiona que mediante la televisión y la radio, de manera gratuita y no penalizada por nadie, se pueda acceder también a toda una serie de contenidos culturales. La televisión y la radio no obtienen ingresos por esos contenidos, es más, pagan por ellos en muchos casos, y se financia con otras fuentes de ingresos como ya sabemos es la publicidad. Cierto que en algún caso televisiones y radios se subvencionan, pero no es ni mucho menos un hecho generalizado.
9- No, no creo que pueda existir una cultura, en mayúsculas, fuera del mercado, pues hasta que nazcan o mueran personas está dentro del mercado en estos momentos, pero sí una cultura más ética que utilice a la industria para su desarrollo y no que se someta económicamente a la misma.

Perdón por la longitud del comentario, espero no entusiasmarme tanto la próxima vez

Severiano -

"Lo que sí que habría que hablar largo y tendido, o casi mejor olvidar, es quién es el o la dueñ@ de la cultura, l@s autoproclamad@s artistas y demás gente chachi."

Yo no sé quiénes son los dueños de la cultura, pero sí sé quiénes son los dueños de los objetos culturales: sus autores. Esos a quienes llamas con desprecio "autoproclamad@s artistas y demás gente chachi." Por ejemplo Picasso. Por ejemplo Estopa.

Yo hago productos culturales: escribo novelas, hago dibujos, compongo canciones, dirijo películas. Y después soy yo, el autor, quien decide si esos productos culturales que yo fabrico los doy gratis o los pongo a la venta, y a qué precio los vendo. Del producto de esa ventas obtengo un dinero que me permite comer o, si se puede, comprarme un avión. Lo que no puede ser es que el público decida que el fruto de mi trabajo es de todos y que yo no tengo derecho a venderlo. O sea, si yo hago una obra musical -sea una ópera o la canción del verano- el público ha decidido que eso es de todos y yo no tengo derecho a obtener un rendimiento económico. El público quiere que yo trabaje gratis y además, si me quejo, me llama con desprecio "gente chachi".

Como diría mi abuela, tiene cojones la cosa.

Rondabandarra -

Mamona.
Con la Orquestina no habría dicho ni mú. Los quiero por igual, pero sí que cobran.
Si llego a saber que me habías tendido una celada (qué bonita palabra para un crucigrama)no te mando el comic-christmas.

S. del Molino -

Muy interesante, Cardenal Soldevila. Te contesto muy brevemente:

No se trata del espíritu con el que se emprende algo, sino de cómo funciona ese algo. Es evidente que mi interés al escribir mis libros no era la pasta, pero lo cierto es que los libros son productos industriales, con su IVA y sus márgenes de beneficio, de los que, obviamente, participo. Todo funciona en un mercado, aunque los "artistas", sean quienes sean esos tipos, no trabajen en esos términos. Es una cuestión de estructura, de sistema: no importan tus motivaciones, ni las del artista ni las del público. A eso me refiero (o se refieren Horkheimer y Adorno, a quienes cito) cuando hablo de mercantilización de la cultura.

Yo sigo defendiendo prácticamente lo mismo que defendía en aquella revista, y lo defiendo en este artículo, a lo mejor no me he expresado bien: creo que se puede plantear y construir un modelo cultural distinto, no sometido a las normas del mercado, y así lo he expresado en la mesa de trabajo a la que me convocó el ayuntamiento para elaborar el Plan Integral de Cultura de Zaragoza, como probablemente contaré aquí más adelante. Son los del manifiesto y los gurús de la cosa internetera los que ni creen eso ni lo plantean. Lo que digo es que no se le puede pedir a la industria cultural algo que no puede dar. Para eso, tendríamos que plantear otras historias, y está por ver que haya alguien dispuesto a ponerse a ello. Pero si queremos capítulos de "Perdidos", en el emule o en la tele, necesitamos una industria que los produzca, y si esa industria no saca pasta de su actividad, no los hará. Yo sólo digo que se puede ir mucho más allá, y que el verdadero debate es el de qué cultura queremos, quién queremos que la haga, para qué coño la queremos y cómo queremos disfrutarla.

En cuanto a lo del voseo y el tuteo... Pues son rachas. No sé muy bien por qué cambio la forma de dirigirme al lector, supongo que para variar, para no tener siempre el mismo tono. Tomo nota de la sugerencia, en cualquier caso.

Saludos!

Cardenal Soldevila -

Utilizando esa palabra rara que tanto te gusta; Sergio dixit:
"Yo, como currito de la industria cultural -la prensa es parte fundamental de ella-, te aseguro, por si alguien lo dudaba, que no aprieto una sola tecla en el ordenador del periódico si no me pagan."
Genial. Pero aquí también cabría hablar de las obras que no se hacen por trabajo. Yo quiero pensar que cuando Tijeritas pega su primer gemido o cuando tú escribes "Malas Influencias" o la de los zombis alemanes, es más bien por necesidad, porque moláis o por extreñimiento intestino-cerebral. Usándote como ejemplo, como blog o persona, me atrevería a decir que no todo lo que se engloba dentro de la cultura se ha mercantilizado. Lo que sí que habría que hablar largo y tendido, o casi mejor olvidar, es quién es el o la dueñ@ de la cultura, l@s autoproclamad@s artistas y demás gente chachi.
Otra observación es que llamas tonto a alguien que escribe el manifiesto ese y luego describes a tu antiguo tú como una especie de borracho soñador moderno, cuando defendías algo parecido a tu manera. Igual su creador lo ve distinto dentro de 15 años, yo que sé. (No he leído el manifiesto, porque me da bastante igual. Será fácil desmontar mi argumento).
Sí que he leído tu blog, y aunque no venga a cuento y ahora que he descubierto que la nieve es blanca y sólo blanca (soy esquimal y aquí distinguimos más de 56384 tipos de blanco) aprovecho para decirte que no sé por qué ahora te diriges a tus lectores/as como "tú". Sé que eres el jefe de por aquí, pero a mi me molaba más antes.
Pues eso, que el sábado 5 por la noche concierto en el Refugio del Crápula. Salud.

Sergi Bellver -

Más razón que un santo, tocayo. Saludos.

S. del Molino -

Rondabandarra: ya sabía que ibas a picar el anzuelo, jajajaja. Dudaba entre poner a la Ronda o a la Orquestina del Fabirol, no sabía cuál de los dos cebos iba a ser más eficaz...

Javier López Clemente -

Bien Sergio.
Desbrozando y dando lucidez al asunto.
Salu2 Córneos.

Rondabandarra justiciero -

Tengo que contradecirte: de todo el listado que has puesto, La Ronda de Boltaña, sí que debe efectivamente su existencia al "indomable guerrear de un pueblo orgulloso" (yo no lo habría expresado mejor). Como ellos mismos dicen en su web, actúan "cobrando, como siempre, muy cara nuestra música en chiretas, vino, fiesta y amistad." Vamos, te lo digo porque soy uno de sus clientes VIP: la de litros de vino que se han bebido a mi costa...
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres