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El Blog de Sergio del Molino

TRAIDORES DE CLASE

TRAIDORES DE CLASE

El otro día estuve cerveceando con M. e hicimos un breve inventario de las mujeres que nos han sacado los intestinos, vísceras varias y el corazón latiente y se han largado pisoteando nuestros restos con finísimos zapatos de tacón. Y terminamos hablando de las otras mujeres, las que pararon el coche junto a nuestros cuerpos, se acuclillaron en el arcén y fueron recolocando las vísceras, intestinos y el corazón en su sitio antes de proceder a una cariñosa e indolora sutura y a llevarnos a un sitio seco y calentito.

Mujeres que te desmontan y mujeres que te montan.

Hay personas que tenemos propensión a ser desmontadas. Vamos por la vida como cabestros furiosos, sabiendo que esa carrera sólo puede terminar con una estocada, pero empeñados en recibirla. Por suerte, algunos acabamos encontrando a mujeres que no nos quieren torear en la plaza, que no quieren que corramos hacia los caballos ni darnos pases para ver cómo comemos arena, sino que gozan más dejándonos pastar por la dehesa y acurrucándose con nosotros a la sombra de una encina las tardes de verano.

M. y yo habíamos encontrado a esas mujeres, y creo que ya no estamos dispuestos a cambiar el alfombrado pasto de la dehesa por la áspera arena del albero. No mientras nos sigan admitiendo en la dehesa.

Eso nos pasa porque somos chicos de barrio, porque no somos artistas, porque no nos atormentan las musas, porque la banda sonora de nuestras vidas suena a guitarra desafinada y a Carrusel Deportivo. Y aunque lo que hemos corrido desde aquel entonces nos haya hecho cambiar la guitarra furiosa por tangos dodecafónicos y el Carrusel Deportivo por las páginas de cultura de Le Monde, hemos sido criados en la certeza de que es preferible el cobijo a la intemperie, que es otra forma de expresar la horrible e irrenunciable creencia de que el trabajo nos dignifica.

Ética proletaria, al fin y al cabo. La que nos han transmitido y en la que seguimos instalados, aunque la hayamos traicionado un millón de veces y aunque volvamos a traicionarla un millón más (la traicionamos una vez más aquella noche, cuando en la cena nos quejamos de que el excelso vino que habíamos pedido no estaba a su temperatura). Pero sabemos que sin ella estamos perdidos, a merced de la lluvia y de las mujeres de tacón alto.

Yo no tuve conciencia de esa ética hasta que me tropecé con gente que no la tenía. Cuando, en la universidad, empecé a trabar amistad con algunas personas que, sorprendentemente, no creían tener que demostrar nada al mundo, que no había nada que aprender ni nada por lo que luchar. No querían dar nada y aspiraban a recibirlo todo a cambio porque el mundo les pertenecía. Y les pertenece. Creo que mi espíritu de currante siempre les ha parecido ridículo. Lo sé. Para ellos era y soy un intruso bastante ingenuo. A ellos les han transmitido justamente lo contrario de lo que me han transmitido a mí: les dijeron que las mujeres destripadoras de tacón alto son suyas por derecho propio, que el mundo es un territorio de conquista y que ellos tienen escuadrones muy bien situados para tomarlo. Y que, desde luego, el trabajo y el calor del bar al atardecer no significan nada. No valen nada. Sólo cuentan la seducción y la capacidad de convencer. Lo demás es consuelo de esclavos.

Creo que no me estoy explicando nada bien, pero en este cuaderno de notas no me siento obligado a hacerlo. Son pensamientos que me vienen a la cabeza de un tiempo a esta parte, y que me he planteado fugazmente de cuando en cuando. Si intento balbucearlos ahora por escrito es porque desde hace unos meses han pasado por delante de mí dos obras que hablan de esto y a las que no dejo de darles vueltas.

Una es la segunda temporada de The Wire, donde se cuenta la decadencia de la 'working class' americana. El orgullo, la moral y la honda solidaridad obrera son ya solo una fachada que se agrieta y está a punto de caer. Pocas veces he visto narrar esa decadencia con tanta sensibilidad y tanta belleza. Ken Loach lleva años intentando hacer lo que The Wire consigue en unos pocos capítulos, y esos capítulos tienen una potencia poética y transmiten una sensación de verdad que Loach nunca ha tenido.

La otra obra son las canciones de Jairo Zavala, un tipo que podría ser, si le dejan, el Springsteen madrileño. Escuchad esta canción:

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

SOIS UNOS CERDOS

Títulos de las diez entradas más vistas de la historia de este blog, que siguen acumulando visitas. A ver si encontráis un elemento común a todas ellas:

  1. Una chica desnuda en el Soho.
  2. Erotismo olvidado y segundón.
  3. Mitos de los 80.
  4. Sexo en Zaragoza.
  5. El coito eternamente frustrado.
  6. Juan Aguirre y las dos vaginas.
  7. Porno austríaco en acción.
  8. Tania Raymonde.
  9. Los peores anuncios de la tele.
  10. Tangos, tigres y selvas.

Y yo que pensaba que me queríais con el corazón limpio, que me amábais por mi interior y no sólo por mi cuerpo. Qué engañado estaba.

Tres breves observaciones:

  1. Quizá el cerdo obseso soy yo, vista la profusión de entradas con contenido sexual.
  2. Para conseguir muchas visitas, no hay nada como arrojar unos genitales aparentes pinchados en un anzuelo al proceloso mar de Google. Los peces pican a millares.
  3. De los diez títulos, el más sucio, el que más huele a sexualidad primaria, matutina y desesperada es, sin duda, Tangos, tigres y selvas. Supongo que estaréis de acuerdo.

EL GRAN FRESÁN

He escrito una cosita sobre la visita que Rodrigo Fresán hizo ayer a Zaragoza para presentar su nuevo libro. Tuve la suerte de conocerlo (cual fan arrojabragas) y pasar un breve y grato ratejo con él y con la panda juntaletrera local.

El articulillo se titula Travesuras de alto nivel, y puedes leerlo aquí.

UN DEBUT DE ALTURA

Parece un gag de los Monty Python: un medio español farda de haber fichado al mejor filósofo del mercado. Como cuando el Madrid le robó Figo al Barça, El País le ha robado Bernard-Henri Lévy a El Mundo. Para que luego digan que estudiar filosofía no da de comer.

Lévy se estrena hoy en el periódico global con un articulazo que justifica todo su prestigio. Un aldabonazo intelectual que nos ha desbaratado las conciencias a todos los burgueses y acomodaticios lectores de prensa, que hemos caído en su red como moscas distraídas. Lo ha titulado A Roman Polanski. Dedicatoria (o admonición) y título en un mismo sintagma. Toma síntesis, toma compresión conceptual. Agarrémonos, que vienen curvas silogísticas.

Aunque mi intelecto de gallina -que sólo ha pisado la facultad de Filosofía de la Complu para ver si pillaba cacho con alguna melancólica, escotada, miope y vulnerable alumna- no esté a la altura de la misión, voy a cometer la osadía de desmenuzar (¿deconstruir, tal vez?) el artículo. Es domingo, lloviznea y ya he visto mucho porno en internet hoy. No tengo nada mejor que hacer.

Arranca Lévy:

Pasan los días y Roman Polanski sigue en prisión, se acuesta y se levanta en prisión, ve a su mujer una hora a la semana en el locutorio de una prisión, mientras sus hijos de 11 y 16 años, si aún tienen el valor de ir a la escuela, afrontan las miradas de unos compañeros que han oído en casa que el papá de los pequeños P., ese señor con el que a algunos se les caía la baba cuando se codeaban con él "por hijo interpuesto", ese padre que otros se jactaban de conocer cuando lo veían en la tele durante la entrega de los César, ése, es finalmente un criminal, un violador, un sodomita, un pedófilo.

Me sobrepondré al nudo que atenaza mi garganta. Intentaré no pensar en esas pobres criaturas de 11 y 16 años que tienen que soportar las collejas de sus compis en el cole. No comentaré nada y seguiré leyendo:

Es vergonzoso meter en la cárcel a un hombre de 76 años por un delito de corrupción de menores -único cargo que le imputa, hoy como ayer, la justicia californiana- cometido hace 32 años.

Hombre, así, a priori, lo vergonzoso es que 32 años después de los hechos que se le imputan, el señor Polanski no haya pisado ni por casualidad un tribunal. Dicen que la justicia es lenta, pero hay tortugas que a su lado parecen gacelas. Pero no nos perdamos en pejiguerías y vayamos al meollo del asunto, al nodo del J’Accuse:

Es vergonzoso ver cómo algunos intelectuales, cuyo papel debería consistir en rebajar la tensión y contener los arrebatos populares, siguen -como Michel Onfray en Libération- los pasos del rebaño de "ignorantes entusiastas" (Joyce) y se entregan, en nombre de la defensa de la infancia violentada, a las asociaciones más odiosas (nunca los oí denunciar con el mismo ardor la violencia sin límite que representa el martirio de los niños soldado en África, o el de los niños esclavos en Asia, o el de los cientos de millones de niños muertos de hambre -según estimaciones de la FAO- en los últimos... ¡32 años!).

Como buen filósofo, algo de oratoria habrá estudiado en sus ardorosos y adoquinados años universitarios, y sin duda Lévy sabrá lo que es la demagogia. Por eso la practica tan a pecho descubierto. ¿Qué tendrán que ver los niños soldado con esto? ¿No estábamos hablando de un tipo borrachuzo que supuestamente forzó a una niña de 13 años? ¿El sufrimiento anónimo de un niño filipino purga la violación de una niña californiana? ¿Se trata de equilibrio universal, de algún tipo de restitución kármica? En otras palabras: ¿de qué cojones está hablando Lévy? Yo no le pillo, pero será porque no estoy a su nivel. Sigamos:

Es extraño -vergonzoso y extraño- que a esos mismos que, recelosos hasta de su propia sombra, ven complots por todas partes y se pasan la vida cavilando sobre las agendas secretas de los Estados, no parezca llamarles en absoluto la atención este timing extremadamente raro: un hombre tiene una casa en Suiza; desde hace años, pasa en ella todas las vacaciones escolares con su familia; y, de pronto, sin que medie el menor elemento novedoso, vuelve a sumergirse en la pesadilla que ha sido el sino de su vida.

Hable más, señor Lévy. Exponga mejor sus sospechas, no tema. ¿Quién está detrás de esa persecución de Polanski? ¿El Opus Dei? ¿Los iluminati de El Código Da Vinci? ¿Paolo Vasile y Jorge Javier Vázquez? ¿Aznar? Señale, tire de la manta, sólo así librará a Polanski de la ignominia. Concluyendo:

Y es que -para terminar- es vergonzoso que no sea posible, cuando se habla de esa vida, evocar la infancia en el gueto, la muerte de la madre en Auschwitz, la muerte de la joven esposa destripada junto al niño que esperaba, sin que los charlatanes de la nueva justicia popular clamen contra un supuesto chantaje. Cuando se trata del más abominable asesino en serie, la "cultura de la excusa" reinante no duda en echar mano de su infancia difícil, de una familia problemática, de los traumas... Pero Roman Polanski parece ser el único reo del mundo que no tiene derecho a ninguna circunstancia atenuante.

A ver si mi atrofiado cerebrín de juntaletras sin formación entiende este complejo párrafo lleno de sabiduría filosófica: como Polanski las pasó muy putas, tiene derecho a cepillarse a una niña de vez en cuando. Quizá como parte de esa restitución kármica a la que aludía antes. ¿Cuál es la equivalencia? Si una infancia en un gueto y que tu esposa sea asesinada por Charles Manson dan bula para una violación, los supervivientes de Auschwitz deberían tener carta blanca para tirarse al menos a tres o cuatro niños y a estrangular con sus manos a un par de viejecitas. Habría que establecer tablas de circunstancias atenuantes que los jueces aplicasen, como un carnet de puntos. Cuando el sufrimiento que has padecido sea al fin compensado, podrás ser juzgado e ir a la cárcel. Mientras tanto, que te dejen en paz.

Me sorprende que, desde la inanidad intelectual y la miseria moral, haya una parte de la inteligentzia europea que quiera convertir a Polanski en el Dreyffus del siglo XXI. Pero ni Polanski es un cabeza de turco de los neoantisemitas ni Bernard-Henri Lévy tiene la agilidad mental y el estilo declamatorio de Émile Zola. Si se demuestra que Polanski hizo lo que hizo, deberá someterse a las leyes y responder ante un juez. Aunque la víctima le perdone. En el derecho español -y supongo que en el americano pasará lo mismo-, el perdón de la víctima sólo libera de la condena en casos de injurias, calumnias y delitos de honor. Cuando hay un delito sexual de por medio, no importa lo que piense la víctima a posteriori: importan los hechos. No hay liberación sexual ni postura moral que ampare el secuestro y la violación de una niña de 13 años.

¿Por qué lo que es repugnante cuando lo hacen los curas le está permitido a un director de cine? A esa pregunta no responde Lévy, y es la única pregunta pertinente en este caso. Yo lo tengo clarísimo, pero, claro, yo no soy filósofo ni he bebido gin-tonics con Jacques Derrida. Yo pertenezco a esos que Lévy llama, citando a Joyce, "ignorantes entusiastas".

Desde mi entusiasmada ignorancia diré que el debut de Lévy me parece moralmente despreciable e intelectualmente paupérrimo, con argumentos a la altura de una tertulia de Telecinco.

LOS FAMAS

Murió Del revés, vivan Los famas.

Hasta la temporada pasada, firmé la columna Del revés en el suplemento de ocio y tendencias MVT, de Heraldo. Esa columna ha desaparecido en la nueva temporada y, tras una renovación del suplemento, he sido reubicado. Pero no ha sido una reubicación traumática, del estilo de los polacos que fueron trasladados a Prusia en 1945, sino molona.

Hoy se estrena Los famas, una sección quincenal que se alternará viernes sí y viernes no con Ojos de miope, que firmará Óscar Senar. Las semanas que no se publiquen Los famas, estaré en la página de al lado comentando un puñado de libricos en la sección El estante de arriba. Asimismo, cuando yo publique Los famas, Senar me cogerá el relevo en la página de al lado comentando un puñado de cómics en la sección El estante de abajo.

¿Lo has entendido? Yo todavía no lo tengo claro del todo, pero me voy haciendo a la idea.

En Los famas -cuya primera entrega se publica hoy, reitero, y no está online, así que te tendrás que rascar el bolsillo y pasar por un kiosco- saldrán también cronopios. Y piedritas de rayuelas. Y algún que otro axolotl. Vamos, que hablaré de cosas bizarras, pasadas y presentes -rara vez futuras-, en formato hiperbreve y sin gruñonerías. Empiezo, obligado por el calendario, hablando de Halloween, pero de un Halloween de jazz y dibujos en blanco y negro.

Por si te apetece echarle un vistazo.

PD: coincide un moderado pero constante, progresivo y notable aumento de visitas a este blog en los últimos dos meses con un descenso de comentarios bastante acusado. ¿Cuantos más somos, más callados estamos? Me intriga, la verdad.

EL SARAO DE LOS ANGUILA

Qué bueno este veranito improvisado de finales de octubre. Qué bueno que nos haya permitido cenar al aire libre y tomar unas cañitas en compañía de buena gente.

Venimos (prontito, la verdad, nos hemos retirado apenas ha empezado la juerga) de la inauguración de la exposición de los Anguila, que celebra los diez años de la Fnac en Zaragoza. Los Anguila, por amistad y misericordia, me hicieron el retrato que preside la banda derecha de este blog y el que se ve en la solapa de mi primer libro, Malas influencias. Pero eso son leves manchurrones en una trayectoria impoluta. Hoy han presentado treinta retratos de culturetas de la ciudad que se podrán ver todo este mes en la Fnac de Plaza de España.

Una de las cosas buenas que ha tenido el sarao es que he tenido ocasión de decirle en persona a Pepe Cerdá lo mucho que me ha gustado su expo de la Lonja. Otra de las cosas buenas es que he compartido unas cervecitas con I. C., que ha estrenado un blog llamado Solilokios. Otra de las cosas buenas es que he palmeado las espaldas de los anguilas. Y, en general, que he compartido un rato agradable con buena gente. Estaban por ahí Ángel Gracia, Julio A. Cuenca, los hermanos Ortiz (Álvaro y Miguel Ángel), Manolo Vilas (que presenta este jueves su nuevo libro en Alfaguara) y otra gente que no querrá ser citada (y otra a la que, directamente, me estoy olvidando mencionar).

La única cosa mala es que no he podido ver las fotos. Porque realmente creo que son muy pequeñas, que se merecerían un tamaño mayor (pero la sala no lo permite), y también porque había demasiada gente. Ya volveré otro día a verlas con tranquilidad.

EL HOPPER ZARAGOZANO

EL HOPPER ZARAGOZANO

Días de asueto (pocos días de asueto, pero algo es algo) tras la tempestad. M. G. me insta: "Ya te has quitado a los alemanes de encima. Ahora no tienes excusa: ponte a escribir ficción como un loco, ya, corre". Así que, haciéndole caso, he dejado pasar las horas hojeando libros, viendo pelis y paseando.

Hoy me había propuesto avanzar algo en el librito, pero la indolencia ha vuelto a vencerme. Así que hemos ido a la Lonja a ver la expo de Pepe Cerdá, El oficio de pintar, que llevábamos tiempo queriendo acercarnos y nunca encontrábamos ocasión. Muy adecuado el nombre, porque no sólo es una muestra sensacional de la maestría del artista, sino una reivindicación de la pintura como oficio, que tiene un componente físico casi tan poderoso (o más) que el intelectual. Y algo así -con mucha más elegancia- defiende Cerdá cuando habla y escribe de sus cosas.

Me gusta mucho Cerdá. Me gustan sus cielos, sus pinos y sus agricultores montados en tractores John Deere. Me gusta, sobre todo, su forma de bordear Zaragoza, su manera de reinventar Zaragoza como tema, viéndola desde fuera, en la distancia. Me gustan sus paisajes industriales, sus torres eléctricas y sus gasolineras. Especialmente, sus gasolineras nocturnas. 

No soy muy original ni tengo un archivo de referencias muy sofisticado dentro del coco, así que no he creído descubrir ningún mediterráneo cuando, al recorrer la exposición, me han venido a la cabeza los cuadros de Hopper. Es evidentísima la conexión. Tengo el catálogo aquí, en la mesa. Todavía no lo he leído, pero seguro que en alguno de los textos se habla de la influencia de Hopper en la pintura de Cerdá. Antes de escribir esto, he buscado "pepe cerdá + hopper" en Google y sólo me han salido dos o tres alusiones de gente que ha visto esa misma conexión. Me extraña, la verdad. Entre Hopper y Cerdá hay algo más que un puente, es imposible no relacionarlos al momento.

Hay una serie de gasolineras en esta exposición que remiten directamente a las petrol stations que Edward Hopper pintó en los años 40. Hay algo de homenaje. Pero no sólo huele a Hopper en la elección de las gasolineras como tema, sino en el espíritu de las pinturas. Como el maestro americano, Cerdá es un pintor de soledades y de espacios marginales. Se fija en lo aparentemente prescindible, en la belleza de lo que ha sido concebido como perecedero, auxiliar o secundario. Se fija en lo que se ha hecho para ser obviado: postes de la luz, arcenes, caminos encharcados, carteles luminosos de la autopista, reflejos en cristales de escaparates, la brasa del cigarro de un hombre que fuma en un descampado... Cerdá recorre los márgenes porque supongo que en el fondo intuye -o sabe con certeza- que es la única forma de llegar al centro. Sabe que los ajetreados señores que nunca recorren los caminos secundarios y que sólo ansían aterrizar en su destino lo antes posible y sin incordios se pierden la vida entera.

Ante tanto alquimista buscando la piedra filosofal, marcándose objetivos, dejándose los cuernos en algo que ni siquiera alcanza a ver ni a gozar, Cerdá intenta no perderse detalle de lo que le pasa por delante, consciente de que es esa brasa de cigarrillo la que importa. O ni siquiera eso: importa descubrir esa brasa de cigarrillo y emocionarse con su belleza. Lo cotidiano sorprende. Lo gris, lo que pasa desapercibido, llena todo. Viviendo y mirando así, al morirnos, es probable que tengamos muchas menos cosas que lamentar. Si no se planifica nada, nadie puede frustrar tus planes y puedes quedarte mirando cómo se ilumina tu ciudad a lo lejos.

Pero Cerdá no es Hopper. En Hopper hay tensión y una profunda tristeza. Las escenas de Hopper son melancólicas, intentan inmortalizar con angustia un mundo que se ahoga y desaparece. Cerdá no transmite eso. En Cerdá hay paz. O yo percibo paz.

Me encanta este cuadro que he puesto arriba, Zaragoza vista desde el camino de la Pica. Ya lo vi en una expo que montaron en el Centro de Historia sobre la ciudad vista por sus pintores. Creo que era el mejor de esa exposición. Escribí un artículo de La ciudad pixelada que hablaba sobre él. La ciudad como un brochazo amarillo en el horizonte. Eso ya no es Hopper. Eso es Cerdá.

VADE RETRO, PAGANO

VADE RETRO, PAGANO

Menos mal que aún queda en este país gente con lo que hay que tener. Menos mal que Sigüenza, además de parador nacional, torreznos y diez grados bajo cero a mediodía en diciembre, tiene un obispo con todos sus atributos episcopales. Un obispo al que no le tiembla la voz al denunciar el paganismo que nos invade y nos subyuga. Con españolísimo y fiero ademán, monseñor José Sánchez (según puede leerse aquí) nos advierte de los peligros de Halloween, ese "rito importado" y pernicioso que se celebrará este finde. Dice su eminencia:

"Si todo quedara en un juego de niños, con sus regalos y travesuras... Pero también podemos correr el riesgo de que, a impulsos del comercio, del consumo y de la moda, costumbres como ésta, paganas, importadas, prevalezcan y hasta desplacen costumbres cristianas".

No se crean que monseñor habla de un riesgo hipotético. Las buenas manos que rigen la iglesia ya han visto con anterioridad cómo otras costumbres paganas, importadas, han prevalecido y hasta han desplazado costumbres cristianas:

La perniciosa y afrancesada moda de la democracia, por ejemplo, que desplazó la costumbre de los autos de fe, tan ibérica y tan del gusto del buen pueblo.

La extranjerizante moda de tratar con respeto a los niños, que desplazó la costumbre cristiana de abrirles la cabeza contra el pupitre y atizarles con la regla en los dedos. Por no hablar de esa otra moda pagana que dice que no se puede juguetear con los genitales de los monaguillos, arraigada costumbre del orbe cristiano (porque si un sacristán no puede tocarle el culo a un monaguillo, ¿para qué diantres quiere un monaguillo?).

La iglesia ha asistido con silencioso e imperturbable dolor a la imposición de tales costumbres paganas, que han convertido a los buenos y penitentes cristianos en cretinos afeminados y masones. Pero, si no escuchamos al obispo de Sigüenza y no hacemos algo por atajar pronto el problema, en muy pocos años veremos desaparecer de nuestras ciudades y pueblos costumbres españolísimas, que serán barridas por los vientos que se cuelan entre los picos de unos Pirineos que han demostrado no ser lo bastante altos, o a través de las redes infernales de internet.

Aparcar en doble fila, pagar en dinero B, irse de los bares sin pagar, reírse de la gente que lee libros, descargarse politonos de Camela, gruñir y gesticular como pitecos en celo cuando la selección gana un partido, recalificar terreno rústico en urbanizable, alancear y prender fuego a reses bravas, trucar los taxímetros, intoxicar con salmonela a los guiris o reutilizar el mismo mondadientes durante un mes entero. Todas estas costumbres, orgullo y emblema de lo hispánico, tienen los días contados si seguimos dejando que los universitarios prefieran irse de erasmus a ingresar en la tuna, si subvencionamos a los cines que proyectan en versión original subtitulada o hacemos carriles-bici para los perroflauta que no contribuyen a que la industria del automóvil salga del pozo.

Sí, señores, la batalla no se libra sólo por Halloween. Se libra por la hispanidad. ¿Acaso queremos ser como esos franceses que tanto hemos odiado? ¿Acaso somos suizos de mierda? ¿Acaso aspiramos a vivir como esos escandinavos de los cojones, que tienen el seso reblandecido de tanta sauna?

No, caballeros, no. Hay que tomar medidas pronto. Si esta noche de Halloween te viene un niño vestido de Drácula pidiéndote caramelos, dale dos buenas hostias, un rodillazo en los huevos y enciérralo en un cuarto oscuro un par de horitas con el obispo de Sigüenza. Si después de ese tratamiento de choque no sale cantando el Hala, Madrid y bebiendo un sol y sombra es que ese chaval no tiene remedio, bien porque es hijo de un belga o porque es maricón.

Que se entere de que es español, cojones, y que viva como tal.

Foto: buscando imágenes de calabazas de Halloween me ha salido esta bruja china, que es mucho más graciosa.

EL MANTEL DE GROSZ

EL MANTEL DE GROSZ

Ahí me tenéis, en el púlpito ateo de Cálamo, en esa escalera pulida por las suelas de cientos de escritores (y de señores gordos que no tienen por costumbre limpiarse en los felpudos y de tacones de estudiantas de turgentes senos y de... Vale, ya paro). Los tres de mi derecha son, de izquierda a derecha: Chusé Aragüés, baranda editorial de Prames; Pablo Bieger, y Javier Rodrigo. Todos están con cara de qué pesao es este tío y a ver cuándo coño sirven aquí el vino. Son unos exagerados, porque hablé muy poquito rato y no dije demasiadas gilipolleces. Además, yo les había escuchado a ellos antes.

Gracias a todos los amigos, curiosos y seres de energía pura que se pasaron por Cálamo a la presentación de Soldados en el jardín de la paz. Perdonad mis horrorosas dedicatorias, pero es que me olvidé el boli de firmar (que es de propaganda de una funeraria, que si sirve para epitafios, sirve para dedicar libros) y el bic que me dejó Paco Goyanes no me inspiraba igual.

Estaba nerviosillo. Más de lo que me imaginaba, la verdad. Así que me templé con un lingotazo de Jim Beam en el bar de al lado, que usamos como backstage. Para la presentación de Malas influencias escogí coñac (armagnac de treinta años del que me trae Michel de Francia, para ser exactos, que la ocasión lo merecía), y creo que funcionó mejor. El bourbon es demasiado sedante.

Tras los protocolos introductorios de Chusé Aragüés, habló Pablo Bieger, y arrasó. La historia de su abuelo -que solo se cuenta muy parcialmente en el libro- nos emocionó a todos. Fue una intervención emotiva y brillantísima, que encantó a todo el mundo. Leyó un fragmento de las memorias que su abuelo, Paul Bieger, empezó a escribir en un castellano germanizado ("a todos nosotros gustar mucho España", y cosas por el estilo) en el que se colaban aragonesismos. A algunas alemanas que viajaban a Camerún las definía como "feícas" (textual).

Fue Pablo quien habló de los alemanes del Camerún como náufragos, y esbozó algunas ideas geniales que tienen su correlato en los planteamientos que desarrollo en el libro. Dijo: "Sergio argumenta en el libro que la colonia alemana de Zaragoza se nazificó por nostalgia del segundo Reich y rencor hacia Weimar. En el caso de mi abuelo fue exactamente así".

Pablo dejó el listón muy alto, pero el gran Javier Rodrigo se creció, especialmente al final, cuando se le ocurrió decir que las páginas más brillantes del libro -si es que el libro tiene algo de eso, que es mucho decir- están escritas para el hijo que muy pronto voy a tener: "Hablas de la condición humana, del bien y del mal, vas mucho más allá de la historia de los alemanes, y se lo estás contando a tu hijo, es el primer legado que le vas a dejar".

La de cosas que se aprenden escuchando a la gente sabia y amable. Es como psicoanalizarte: te descubren el verdadero significado de tus palabras.

Cerré con un par de tontadicas que improvisé (me había preparado un pequeño speech, pero decidí romperlo en vista de que lo precedente había sido muy intenso) y le dimos al vino. Firmas, besos, risas... Es muy gratificante esa parte del oficio de escribir. Después de tanto torturar las falanges aporreando el teclado, a solas en tu casa, con muy poquita luz y a las tantas de la mañana, esto es mucho más que oxigenante: salir; encontrarte con unos lectores que siempre pensaste improbables y que se descubren no solo físicamente tangibles, sino en ocasiones hasta bellos, sonrientes y con suaves y jóvenes formas femeninas (perdón, voy a ser padre, no debería pensar en voz alta estas cosas); escuchar cosas bonitas y a todas luces falsas sobre tu persona y tu trabajo (pero qué bella es la mentira: mentidme mucho, por favor) y, lo que es más importante, ver a tu mama y a tu hermano orgullosos, y a tus amigos deseando que termines para gastarte alguna broma, pues no tiene precio, la verdad. Es como llevar al ego de escapada a un spa con huríes.

Acabamos el vino en la calle -aprovechando que todavía no había entrado en vigor la ordenanza antibotellón que funciona desde hoy- y nos fuimos a cenar Bieger, Rodrigo y sus respectivas con otros amigos que seguramente no quieran verse nombrados, porque son así de tontacos y pudorosos. Se nos acopló Alberto Calvo, el gran Supermaño, que tuvo una genial idea: hacernos un retrato alla maniera de Grosz.

Cogió un mantel de papel, robó un rotulador de la barra y nos retrató a todos los que estábamos en torno a la mesa. "Dibujos en el jardín de la paz", lo tituló. Anoche no lo pude ver bien, pero esta mañana Cris lo ha extendido en el salón y hemos podido admirarlo. Efectivamente, es un homenaje a George Grosz, el caricaturista, hijo mayor del expresionismo, que marcó el estilo de la Alemania de entreguerras. La referencia no puede ser más acertada. Pero también es un Alberto Calvo genuino. Tenemos que comprar un marco antes de que se rompa el papel, no me gustaría que se perdiese ese recuerdo. Lo fotografiaré, que es muy grande para escanear, y espero que podáis apreciarlo aquí.

Me quedé con las ganas de charlar un poco más con Pablo, pero espero que haya ocasión más adelante. Su chica, que trabaja en una editorial infantil, nos regaló unos libros para nuestro futuro cachorro, así que volvimos a casa agotados, borrachos (eso yo, que Cris es temporalmente abstemia), cargados de regalos y muy felices. Un subidón de felicidad, de amistad y de cariño.

Esta tarde se ha rematado todo con otra pequeña alegría relacionada con este libro. Según parece, esta semana, Soldados en el jardín de la paz se ha colocado en el puesto número 2 de los libros de no ficción más vendidos en Aragón. Gracias a todos, de verdad.

ESTA TARDE, SOLDADOS EN EL JARDÍN DE LA PAZ

Pues eso, que nos vamos de fiesta esta tarde, y si te quieres venir, estaré encantado de recibirte.

Presentamos en Zaragoza mi libro Soldados en el jardín de la paz. En la Librería Cálamo (Pza. San Francisco, 4) a las 20.00. Hablarán Chusé Aragüés (editor de Prames-Las Tres Sorores), Pablo Bieger (nieto de uno de los protas del libro), Javier Rodrigo (historiador, profe de la uni y, sin embargo, amigo) y el menda. Descuida, que seremos breves.

Paco Goyanes servirá un vinito de Bodegas Guelbenzu. Y luego seguiremos bebiendo en los bares, pero eso ya no será gratis, claro.

Llueve y parece que va a seguir jarreando todo el día. Además, hay un porrón de actos culturetas programados esta tarde en la inmortal dispuestos a hacerme sombra (¿qué se habrán creído?), así que espero que nos podamos juntar algo más de cuatro gatos, no me hagáis quedar mal delante de esos señores, por favor.

PD 1: Antes de la presentación, me tengo que pasar por los estudios de ZTV, donde me grabarán una entrevista que se emitirá por la noche, a las 21.00 (redifusión al día siguiente a las 9.30 de la mañanaza), en el magacín Distrito Z, presentado por Sonia Cameselle. Siento desvelar que la interviú no es en directo, pero lo aviso para que cuando, a la hora de emisión, me veais bebiendo a dos manos en los bares cercanos a Cálamo y, al mismo tiempo, largando un rollo por televisión, no penséis que me he bilocado como la monja de Ágreda.

PD 2: Off-topic, debería ocupar otro post, pero ya me extenderé en el tema: según la agencia Efe, González Sinde acaba de anunciar la reapertura del Museo Romántico de Madrid. Qué maravilla. La ciudad vuelve a estar completa. Espero, eso sí, que no lo hayan destrozado con las obras de ampliación y reforma. Hasta que lo cerraron, fue mi museo favorito. Entre otros miles de objetos fascinantes y turbadores, allí se expone la pistola con la que Larra se voló la cabeza. Fetichismo de altura. Si puedes, no te lo pierdas.

ERTZAINA Y LESBIANA

Llega un mail de la editorial Vía Magna con este asunto:

Felicidad Olaizola, ertzaina y lesbiana

Hostias. Las vascas salen del armario. O del arcón del caserío. Qué movidón. Y qué miedo. No me preguntes porqué, pero es una perspectiva que aterra.

Abro el mensaje y leo:

"Soy Felicidad Olaizola, ertzaina y lesbiana. Javier Otaola ha novelado mis casos más interesantes".

Pronto se desvanece mi felicidad: es puro márketing. Otaola es un escritor de novela negra y Felicidad Olaizola es su detective heroína. El mail anuncia el lanzamiento de su nueva novela, As de espadas, donde la suboficial (y lesbiana) de la Ertzaintza investiga un asesinato en las afueras de Bilbao. Sin ETA de por medio, que se sepa. La cosa va de chanchullos de ricachones. Vale, de acuerdo, no todas las tramas de corrupción gansteril y de crímenes mafiosos han de transcurrir en San Francisco o en Chicago. Pero el noir precisa de algo de glamour, de un puntito cosmopolita y de un alma atormentada que beba bourbon. Lo siento, pero no hay glamour en Bilbao, y las almas atormentadas, aunque sean lesbianas, parecen menos atormentadas si en vez de bourbon beben pacharán o chiquitos de tintorro.

No sé, no me llama. Para la cosa gansteril, me quedo con los americanos. Donde esté un buen Ellroy, que se quite la Ertzaintza. Puedo quedarme con un Juan Madrid o, incluso, si me pilla resfriado, me puedo echar al coleto un Vázquez Montalbán, pero dejen las boinas rojas fuera del género negro, que para eso es negro, coño.

En cualquier caso, le alabo el ingenio a Otaola: su "ertzaina y lesbiana" es una de las caracterizaciones de personaje más descacharrantes que he leído en tiempos. Sólo la supera el Hans Delbruck de Mel Brooks.

Hans Delbruck sale en El jovencito Frankenstein, pero no es un personaje: es un cerebro que se guarda en el depósito de cerebros y que el doctor Fronkonstin quiere utilizar para su creación monstruosa. En el frasco donde se guarda, se lee esta etiqueta: "Hans Delbruck, científico y santo".

Científico y santo. Ertzaina y lesbiana. Grandes acotaciones ambas, vive dios.

Me intriga saber si, como parece ser, dada la importancia que se le da en la caracterización, la condición lésbica de la policía influye en sus dotes policiales. En principio, no debería, pero igual resuelve crímenes con sus poderes lésbicos. Igual consigue que los sospechosos confiesen prometiéndoles que pueden mirar mientras se enrolla con su novia. ¿Qué hombre podría resistirse a ello?

No lo sé, para descubrirlo, tendría que leer el libro. Y no estoy por la labor. No tengo cuerpo, amigo.

En fin, este jueves presentamos Soldados en el jardín de la paz. Vente, que haremos merienda-cena (mentira: sólo habrá alcohol). A las 20.00 en la Librería Cálamo. Se exige pajarita para los caballeros y traje de noche escotado para las damas.

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NOSTALGIAS Y DECEPCIONES

NOSTALGIAS Y DECEPCIONES

Me llama Julio, viejo compañero de tumbos madrileños, para felicitarme por mi inminente paternidad. Le noto un poco flipado, incrédulo. No se termina de imaginarme cambiando pañales, pero se alegra un montón. A Julio le veo muy de cuando en cuando, soy un desastre absoluto, ya que mis visitas a Madrid suelen ser fugaces y semiclandestinas, y no me da tiempo de abrazar a todo el que quiero abrazar, por eso reduzco siempre mis escarceos. La última vez que nos vimos nos encontramos por casualidad en el Manuela. Abandonó a la gente con la que iba, se unió a nuestro grupo y creo que intentamos ponernos al día a grito pelado en varios bares llenos a reventar. Es un tío alegre, chisposo y disparatado. La compañía perfecta para una noche en Malasaña.

Julio tiene el gravísimo defecto, como yo, de ejercer el periodismo. Lleva tiempo haciéndolo en Europa Press, donde parece haber anidado al fin después de pasar por todos los rincones posibles de Telemadrid. Pero esa es su identidad de día. Su otra faceta fantomásica la acaba de desvelar en un blog (¿dónde si no?) que se titula Madrid no duerme. Allí descubre su Madrid nocturno y crapulento, ese que ha conocido a fuerza de noches y noches dejándose la salud por las esquinas. Recuerdo que Julio siempre descubría los garitos más inverosímiles en calles que ni sospechabas que existiesen, y ahora vuelca su sabiduría noctámbula en la red, para compartirla con los profanos que creen que la noche en Madrid se limita a caminar Gran Vía arriba y Gran Vía abajo.

Pero si lo comento aquí no es por hacer propaganda al amigo Julio -que también-, sino porque uno de los últimos artículos está dedicado al Clandestino. Y ahí me ha exprimido la glándula de la nostalgia.

El Clandestino es una covacha de la calle Barquillo, muy cerquita de lo que fue la Casa de Tócame Roque -una placa lo recuerda-. Es un sitio claustrofóbico, donde los tipos grandullones y torpes como yo nos vamos dando con los techos y las columnas. Tiene muy poca luz, ambiente catacumbario y, en tiempos, era de los últimos bares en cerrar que no te cobraban entrada, así que era muy recurrente.

En el Clandestino abandoné mi fe en el rock and roll. En el clandestino me hice nihilista y dejé de preocuparme por el futuro y por el pasado. Por los ladrillos de sus paredes se escurrieron para siempre algunos prejuicios y en su arcana penumbra me juré no abandonar nunca Madrid, que no me sacaran de esas calles si no era con espátula.

(Bueno, a lo mejor exagero un poco: hubo más bares, y no sé exactamente en cuál de ellos tomé la determinación).

Por supuesto, abandoné Madrid. Hace demasiado tiempo ya. Nunca hay que hacer juramentos sobre nada, porque es la forma más fácil de que suceda lo contrario a lo deseado.

Hay gente -creo que Julio es uno de ellos- convencida de que mi ausencia de Madrid es temporal. Ahora, mi inminente paternidad les hace sospechar que quizá no vuelva nunca.

Yo también lo empiezo a sospechar ahora (aunque nadie sabe nunca dónde estará mañana).

En realidad, lo sé desde hace tiempo, claro.

Me abofeteo y le doy tres vueltas al cilicio, pues no me permito nostalgias estúpidas. Dejo el blog de Julio y vuelvo a la lectura de este fin de semana. He cogido, casi por azar, El escritor y sus fantasmas, de Ernesto Sabato. Lo leí hace mucho -cuando aún iba al Clandestino- y recuerdo que me pareció revelador y sensato al mismo tiempo. Yo era un gañán que se creía letraherido y me tomé algunos pasajes como una especie de manual de escritura para mis balbuceantes creaciones.

Por supuesto, al leerlo este finde me he caído del guindo.

Hay pasajes de un simplismo atroz; planteamientos estéticos muy rudimentarios, y debates viejunos, anquilosados y superadísimos.

El libro es de los años 60, y en él, Sabato se mete mucho con la novela americana de la década anterior, muy influida por el conductismo. Frente a la introspección y al narrador omnisciente propios de la gran novela europea (especialmente, rusa y francesa), los autores americanos de la posguerra practicaban una técnica descriptiva basada sólo en la acción. Una técnica muy del gusto de la generación beat, claro. No había evocación de sentimientos, ni procesos mentales, ni interioridades. Los personajes salían de casa, cogían el coche, iban al trabajo, asesinaban a sus esposas y se bebían un whisky. Pero el narrador no nos contaba lo que le pasaba por la cabeza al cargarse a su cónyuge, ni si le carcomían los remordimientos o el dolor. Sólo le veíamos tomar un whisky.

Sabato, como un viejo cascarrabias, dice que eso es una barbaridad, que para eso ya está el cine, que la novela tiene que respetar al lector y ofrecerle una panorámica de la devastación interior del personaje. Y bla, bla, bla.

Ay, Sabato, pobre Sabato. Parece el vecino de arriba protestando contra los jóvenes de abajo que ponen la música muy alta.

El tiempo ha dado la razón a los americanos, claro. Esa técnica es muy efectiva para transmitir al lector la angustia de la nada, la angustia de los vecindarios de la clase media, el vacío inabarcable del poderoso hombre blanco, ahíto y decadente en sus automóviles brillantes y sus chalets con jardín.

Nuestro vacío, vaya.

Cheever lo entendió de puta madre. Pero a Sabato, Cheever le parece un mindundi, un joven melenudo que va por la calle con unas pintas que no son de recibo. En mis tiempos -dice Sabato-, se leía a Proust. Proust sí que era un caballero, un gentilhombre que te contaba con pelos y señales todo lo que le pasaba por la cabeza al personaje, y no estos guarros que no saben hacer un monólogo interior en condiciones.

Hay otras invectivas contra cierta literatura que él llama "lúdica" que me parecen también propias de un amargado que no sabe de dónde le viene el aire.

Qué desilusión.

Bueno, hay cosas del libro que están bien. Las reflexiones sobre Borges son muy certeras, y tiene aforismos brillantes, pero el resto suena acartonado y rancio. ¿Cómo pudo deslumbrarme así? Amigos: no releáis nunca, que se caen los mitos.

Me quedo con una cita de Caldwell incluida en el libro:

La profesión de escritor tiene un lado penoso, que consiste en que el trabajo lo obliga a uno a mezclarse con una serie de literatos. Para guardar las apariencias, una o dos veces por año, hay que concurrir a una reunión y pasar varias horas en compañía de críticos, autores radiales y gente que lee libros. Todos ellos hablan una jerga que sólo pueden entender los literatos. Únicamente después de proceder a una purificación de fondo puede uno recobrarse y caminar con la cabeza en alto, como un ser humano.

Sólo un apunte, Mr. Caldwell: ese lado penoso de la profesión de escritor es el único que le importa a muchos que se dicen escritores o aspirantes a. Para ellos, escribir no es un fin, sino un medio, una ceremonia iniciática para alcanzar el estatus de literato y poder pasar su vida de canapé en canapé. Por supuesto, nada tiene esto que ver con la literatura, que se construye en tardes lluviosas y solitarias con escritores y lectores que se encierran en pijama en sus casas.

RETORNO A BLOGHEAD

Lo tenía abandonado y le habían salido pelusas, así que hoy le he sacudido un poco las telarañas y lo he puesto al día. Hoy comienza la nueva temporada de De reojo, el blog literario que escribo en Heraldo.es. Lo inauguro con un texto sobre Iwasaki. Aquí está, sin ir más lejos.

La semana que viene, además de la presentación del nuevo libro, habrá más novedades. Empieza la temporada (en Zaragoza, la temporada arranca siempre después del Pilar, que también suele marcar el comienzo del frío) y me despido de la columna Del revés, que salía los viernes en el suplemento Muévete y que he llevado en solitario este último año y pico, después de compartirla con inquilinos tan ilustres como el desaparecido Sergio Algora y el ubicuo Pablo Ferrer -y, en ocasiones, Gonzalo de la Figuera-. En su lugar voy a empezar otra historia, que con casi toda seguridad se va a titular Los famas, que espero que resulte de su agrado.

Lo que sí que tengo ya definitivamente perfilado es la trama de la novela en la que ando metido. En realidad, van a ser cinco historias cruzadas, y las estoy escribiendo al mismo tiempo, para no aburrirme de ninguna de ellas y tenerlas controladas, sin que se me vayan de madre con ramificaciones y morosidades. Me estoy divirtiendo, me está sentando muy bien, me encuentro a gusto con el tono que he escogido, hay feeling con los personajes que he dibujado hasta ahora y las escenas de sexo no están fluyendo del todo mal. Consiguen ponerme cachondo, y eso es una prueba inapelable de que funcionan. De momento, estoy esquivando el bloqueo: es terrible cuando la historia que tienes en la cabeza suena oxidada y tramposa al escribirla. Estoy teniendo suerte: hay sintonía entre lo que quiero contar y lo que realmente estoy contando. A ver si dura, y a ver si aguanta la relectura y el reposo, que es lo fundamental para saber si un texto merece la pena.

Pues eso, que corren días frenéticos.

EN EL BULLI, POR LA ARMADA

Ahora que ha pasado ese día de la hispanidad que a los hispanos nos pone los pelos como escarpias, se pueden comentar algunas cosillas sin miedo a ser encarcelado o apaleado por una turba de amas de casa losantianas. ¿Habéis visto la campaña del ejército, con famosetes diciendo lo mucho que molan los soldaditos?

Me ha intrigado especialmente la de Ferran Adrià, donde dice: "Yo estoy en el Bulli por la Armada".

 

 

Enigmática confesión. Sobre todo, porque no aclara más. ¿Cómo se llega de la Armada al Bulli?

En las biografías de todos los grandes hombres hay siempre una escena que puede considerarse "la llamada" o "la iluminación". Es ese momento en el que el prócer, todavía bisoño, aún enfangado en los bastos lodos de su aldea natal, tiene la certeza de que va a hacer algo grande en su vida, algo por lo que su nombre será recordado durante muchas generaciones.

Ese Abraham Lincoln aterido de frío en su cabaña de madera, pero reconfortado en la seguridad de que un día regirá los destinos de esa grande y joven nación y la salvará de su desmembramiento.

Ese Albert Einstein aburrido en la oficina de patentes de Berna, haciendo ecuaciones -porque no había sudokus- y empezando a sospechar que esas cuentas ociosas le están llevando a algo muy gordo, pero no tiene a nadie con quien compartirlo, salvo el bostezante bedel, al que le queda una semana para jubilarse.

Ese Francisco Franco que soporta, apretando los dientes, las burlas de los niños que se ríen de su aflautada voz, mientras él piensa: "Reíd, cabrones, reíd, que cuando la político-social vaya a visitaros no os hará tanta gracia".

Ese Nacho Vidal que, en pleno furor adolescente, admirando su fenomenal verga mientras se la sacude a dos manos, se propone follarse hasta los desagües de las jardineras, y hacerse rico y famoso con ello.

Ese Camilo José Cela que, cuando empieza a leer a los clásicos y a dejarse poseer por el suave embrujo de la letra impresa, se dice para sí: "Algún día aborberé un litro de agua por el culo, y me tiraré pedos en la Real Academia".

Son momentos clave en la biografía de todo prohombre. Por eso lamento la racanería de Adrià, que nos insinúa una epifanía que le condujo de forma certera e inexorable a su vocación, pero no nos aclara en qué consistió. Sólo nos dice que fue "en la Armada".

In the Navy, que dirían los Village People.

¿Cómo ocurrió? ¿Qué epifanías se pueden tener en la mili, especialmente si esa mili se desarrolla en un barco lleno de gañanes garrulísimos que sólo pueden ser domados a base de bromuro?

¿Fue mientras el joven soldado Adriá (en aquellos años, seguro que el acento se lo escribían del otro lado) fregaba las letrinas después de que el sargento le hubiera gritado una arenga estimulante del tipo: "¡Maldita sea, Ferrando, quiero ver esta letrina tan limpia que se me reflejen en ella los granos del culo para que puedas chupármelos!"? Puede que en la operación de limpieza aprendiese el arte de combinar colores y texturas gelatinosas.

Quizá descubrió unas cisternas de nitrógeno líquido junto a las cargas de profundidad del navío y decidió echárselo al rancho de la tropa "para hacer unas risas". Y ahí empezó su carrera.

Explíquenos, señor Adrià. El público quiere saber.

NO ME QUIERAS TANTO Y QUIÉREME MEJOR

Entiendo -y comparto en el fondo- los motivos que han llevado a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica a mandar una carta a Zapatero en la que le piden que se cambie el Todo por la Patria de la Guardia Civil por otro lema: Todo por la Democracia. Lo entiendo, pero me parece innecesario y fuera de lugar.

De acuerdo: el Todo por la Patria es franquista (se instituyó en 1937), dinosáurico, agresivo y trágico. A muchos nos incomoda y nos agrede verlo escrito en las paredes. Muchos preferiríamos no encontrárnoslo cuando viajamos por los pueblos, pero no creo que el atemperamiento que propone la ARMH sea apropiado. Yo sería partidario de retirar cualquier lema o consigna, sin contemplaciones. Si la Guardia Civil es un cuerpo de profesionales que deben cumplir un cometido a cambio de un sueldo, no veo por qué tienen que darlo todo por nada. Ni por la patria, ni por la democracia, ni por el Betis Balompié. Que den lo que les exige su convenio, ni más ni menos. Que desarrollen las tareas por las que cobran y, cuando terminen, que dediquen su tiempo libre a lo que les salga de los atributos patrióticos. Sin mesianismos ni redenciones. Un profesional no necesita una consigna fanática para hacer su trabajo.

Yo siempre he desconfiado de aquellos dispuestos a todo. Esos amantes desbordados que se abren el pecho y se sacan el corazón ofreciéndolo en sacrificio; esos tipos que se creen depositarios de una misión trascendental; esa gente que se exige y exige a los demás una entrega absoluta, una lealtad incorruptible y una disposición sin condiciones... Como decía la canción de Leño: "Frena, velocidá, que no lo entiendo".

Tranquilícense, compadres. La democracia, por su propia naturaleza, no exige una entrega absoluta, sino relativa. ¿Dónde quedaría la libertad si así fuese? La democracia admite la dejadez absoluta, pero no la entrega absoluta. Como el amor, que se rompe de tanto usarlo, la democracia -que en España ya es de por sí pobre, raquítica y miserable- se quiebra cuando se rodea de ángeles custodios. ¿Puede una democracia ser vigilada y protegida a punta de pistola? Salvo para Rubalcaba, que le parecerá lo más normal, en términos lógicos y racionales es un planteamiento absurdo.

Quiéreme menos y quiéreme mejor, morena. No hace falta que beses el suelo que piso, ni que te arrastres por mí, ni que me rondes bajo el balcón de madrugada. Con que te vengas de cañas conmigo, me beses con alegría y me cuentes algo gracioso de cuando en cuando si te apetece, voy listo. No necesito más. Ni de ti ni de nadie.

No temáis. Por suerte, en términos demográficos, mi pensamiento es minoritario, irrisorio, insignificante (a las urnas me remito). Leed, si no, algunos comentarios vertidos en elmundo.es a esta noticia, que por su profusión y familiaridad con otras opiniones escuchadas en taxis y bares, sí que deben de reflejar el sentir del pueblo ibérico al respecto:

la ARMH ( asociacion para la recuperacion de MEMOS historicos). no pueden ser tratados de otra manera, aquellos que sin duda desconocen el error y el horror de la guerra fratricida de nuestros padres, abuelos y para muchos ya bisabuelos y tatarabuelos. a ellos esten donde esten dejemosles que se reconcilien en paz.

Como queraís, LINCES. Pero mi Patria es España y aunque os pese mucho, mi Patria España es Monárquica y mi Patria España es Constitucional y mi Patria España es Democrática. Entonces todo por mi Patria España Monárquica, todo por mi Patria España Constitucional y todo por mi Patria España Democrática. Resumiendo, TODO POR MI PATRIA y os icluyo como Patria a vosotros, aunque no os merezca como hijos de ella.

¡Qué estupideces hay que leer¡ ¿Adónde quiere ir a parar esta asociación de impresentables? Sin duda debe de tratarse de un grupo de vagos que no viven precisamene de su propio trabajo.

esta gente de la asociacion esta un poco mal de la cabeza. Progresss!! Si quieres ya metemos fuego a toda españa y vosotros que sois tan listos la reconstruis para que asi no queda ni rastro de los años 30. os parece eso mejor panda de desalmados? VIVA ESPAÑA PORQUE ESPAÑA ES NUESTRA PATRIA DUELA A QUIEN LE DUELA!!

Eso muy bien como franco hizo lo de la seguridad social a todos estos de izquierdas que no les dejen ir gratis a hospitales ...seria divino desconcentratis mogollon ...¡¡como no quieren nada del dictador! !pues eso que ahorren y se paguen la sanidad ..¡¡no te jod.......

Pero bueno es que nadie va a pararle los pies a esta panda de sinverguenzas,y es que nuestro rey no tiene nada que decir, se lo dice a un presidente de otro pais y no al nuestro. Esto es el colmo.

AL TIEMPO.........AL FINAL ALGÚN ILUMINAÓ PLANTEARA "TODO POR UN POLVO"...........Como dice uno de los comentarios a estos les fastidia la palabra PATRIA. En mi caso me siento muy orgulloso de mi Patria España desde País Vasco a la Isla del Hierro y desde A Coruña a Baleares. Si realmente diéramos todos el todo por la Patria, España iría bastante mejor.

El enfangamiento mental de los progres de este país no tiene límite, son peor que la mierda, no sólo arruinan la nación, sino que toda esta pandilla de vividores subvencionados nos quieren reinvertar la historia, viendo al rojerio actual, cada vez se demuestran más las razones del Alzamiento del 36.... ah y lo de TODO POR LA DEMOCRACIA, a esta democracía masónica y zapateril os la meteis donde mejor os quepa.

Y la mejor, escrita supuestamente por un miembro de las Fuerzas Armadas. Nótese cómo la hondura, elegancia y profunda empatía de sus ideas se armonizan con una expresión bella y grácil que sólo quien cultiva con tesón y entusiasmo la lengua de Nebrija, Góngora y Machado puede alcanzar:

si pasa esto me piro del ejercito y me meto a una empresa de suguridad privada que panda de simberguenzas

Un nuevo Garcilaso de la Vega ha nacido. Por fin alguien capaz de empuñar con la misma bravura la espada y la pluma. Bravo.

UNA BODA ALEMANA

UNA BODA ALEMANA

Esto es como una boda, pero sin Paquito el Chocolatero.

Ya se están repartiendo por ahí las invitaciones para el sarao en el que presentaremos Soldados en el jardín de la paz en Zaragoza. Si estás en las listas negras que manejan editores y libreros, puede que en los próximos días recibas una tarjetita o un pdf como el de arriba en el que se lea esto:

La editorial Prames y la librería Cálamo le invitan a la presentación del ensayo "Soldados en el jardín de la paz. Huellas de la presencia alemana en Zaragoza (1916-1956)", del escritor Sergio del Molino, que tendrá lugar en la Librería Cálamo de Zaragoza el jueves 22 de octubre a las 20.00, plaza San Francisco, 4 de Zaragoza. El acto estará presentado por Javier Rodrigo, historiador y profesor de la Universidad de Zaragoza, y contará con las intervenciones de Pablo Bieger, nieto del "alemán del Camerún" Paul Bieger, de Chusé Aragüés, editor del libro, y del autor.

Sí, habrá vino, y nosotros seremos breves, que también nos querremos ir a emborrachar pronto. Aprovecho para decirte que, aunque no recibas una tarjetita o un mail, estás igualmente invitado, faltaría más. Lo recordaré cuando se acerque más la fecha, para que no se te olvide.

Ahora ando dándole vueltas a las palabrejas que diré ese día, y me he encontrado con unas páginas de Juan José Saer que me van a venir estupendamente. Las fusilaré un poquito y las haré pasar como si fueran ideas mías, ya verás qué bien queda.

También estoy escuchando el último disco de Dayna Kurtz, que ha visitado Zaragoza dos veces -la última, en la Expo- y de quien soy devoto. Hay quien es rociero o de la Virgen de las Lumbalgias y el Santo Prepucio. Yo soy de Dayna y de pocas divinidades más. Este álbum tiene diez canciones grabadas en low-fi que son delicadas, arenosas, sucias y dolientes, y están llenas de polvo y de madrugada, de tubos fluorescentes en la autopista, de insectos de las marismas y, sobre todo, de soledad, de mucha soledad. American Standard se llama el disco, y pinchando aquí puedes escuchar la canción que lo abre, Invocation. De nada.

EL GRANDÍSIMO SETH MACFARLANE

Los Simpson cumplen ahora veinte años. Hace por lo menos diez que dejaron de interesarme, hace mucho que se me hicieron pesados, facilones y viejunos. Pero no por ello dejo de reconocer su grandeza, su condición de monumento televisivo, emblema cultural e icono generacional. Son unas de las grandes creaciones de la cultura popular, pero para mí murieron hace mucho. Como todo mito, ha generado esporas, imitaciones y vástagos más o menos afortunados. A Los Simpson debemos muchas cosas, no todas buenas, y la más grande es la eclosión de ese duende vitriólico, más corrosivo que el ácido sulfúrico, llamado Seth MacFarlane, padre de Padre de Familia, imitación de Los Simpson que ha superado con mucho al modelo que plagiaba, rebasándole en genialidad, agilidad, mala uva y profundidad. Y en escatología, por supuesto.

Ahora, Seth MacFarlane se ha metido en YouTube y produce unos brevísimos cartoons semanales que le patrocinan empresazas como Burger King y cadenas hoteleras. Todo lo que toca es oro, así que se lo rifan. Son piezas geniales, con la mala uva condensadísima. Aquí os pongo una pequeña muestra: Bob Dylan, Tom Waits y Popeye en un backstage; Ted Nugent, rudo rockero facha y amante de los rifles, siendo visitado por el fantasma de las navidades pasadas; una rana que parece encantada (pero no por sortilegio), y una escenificación de un chiste que empieza "entra un caballo en un bar y el camarero dice: ’Vaya cara más larga".

Están en inglés sin subtitular ni nada, pero seguro que todos habéis cursado el inglés en mil palabras y no tenéis problema alguno en entenderlo. Poned oído, que son tronchantes.

EL COSO DE AL LAO

Ya está bien de hablar de hijos de puta y de cabrones con pintas.

Hablemos de buena gente.

Es más, hablemos de gente extraordinaria. De gente por la que merece la pena vivir. De gente que goza y hace gozar, y que, cuando sufre, no lo hace por un cash flow mustio ni por el índice Nikkei.

Hace mucho, escribí una columna sobre Cristóbal Repetto. Bastante tiempo después, la colgué en este rinconcito. La tenía olvidada, no había vuelto a pensar en ella. Hasta esta mañana. Al abrir el correo, me ha saltado un mensaje extraño. En la marabunta de tonterías cotidianas, un nombre destacaba en los "de". Allí ponía claramente "Cristóbal Repetto". Y el asunto se titulaba: "Cristóbal Repetto, desde Argentina". No me lo podía creer.

El tanguero de la voz imposible se ha topado con mi pobre columnica. Y el tanguero de la voz imposible se ha emocionado y me ha escrito una carta bellísima, trenzada con un verbo claro y fresco, lleno de ternura. No reproduzco nada de la carta ni de mi respuesta porque entiendo que es correspondencia privada, pero sí que quiero dejar constancia del bien que me ha hecho. No importa lo mucho que el día haya podido torcerse. No importan los tropezones, las malas caras ni las zancadillas con las que he tenido que bregar durante la jornada. Las miserias cotidianas han quedado disminuidas, como si les hubieran colocado una enorme sordina. La carta de Repetto me ha inmunizado contra todo y contra todos.

¿Hay algo más bonito que emocionar a quien te emociona a ti?

He buscado en YouTube una versión de Los cosos de al lao, un tango que en su voz eriza hasta la piel del hígado por su profunda simplicidad sentimental. Dice:

De pronto se escuchan
rumores de orquesta.
Es que están de fiesta
los cosos de al lao.

Ha vuelto la piba
que un día se fuera
cuando no tenía
quince primaveras.

Hoy tiene un purrete
y lo han bautizao,
por eso es que cantan
los cosos de al lao.

Esas frases, cantadas por Repetto, me llegan al alma, si es que alguien tan mundano como yo gasta de eso. A falta de Los cosos de al lao, os dejo una grabación de Organito, un viejo tango que compuso Juan Carlos Graviez en los años 20 y que recuperó Repetto con su voz de pizarra de 78 revoluciones. Es una pequeña historia del tango cantada:

 

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CORRIJO Y AMPLÍO

Dije ayer que lo más equiparable a Donald Trump en España sería el dijunto (sic tanguero: Gardel siempre se veía a sí mismo dijunto, nunca difunto) Jesús Gil. Me quedé muy corto. Para que un ente español se aproxime un tanto a Trump tendrían que batir en la misma coctelera a Jesús Gil, Bertín Osborne, Julio Iglesias, Andrés Montes y Ruiz Mateos.

LA O CON UN CANUTO

LA O CON UN CANUTO

La crisis económica no ha traído una revolución con profusión de sangre, con guillotinas eléctricas funcionando a toda máquina en la Puerta del Sol (era el sueño húmedo de Valle-Inclán, cuando no le daba por cabalgar en pos del legítimo rey Don Carlos). Los rascacielos de la Castellana Bis de Florentino tampoco han sido asaltados, incendiados y reducidos a escombros. Y sobre esas brasas humeantes no se ha asado, cortados en chuletillas, a los banqueros y ladrilleros que se lo han llevado crudo todos estos años.

No, la gente se ha ido al paro ordenadamente y sin molestar. Era previsible, hace tiempo que desistimos de asaltar el Palacio de Invierno, pero hay recochineos que se salen de madre.

Ayer vi la última apuesta de esa cadena buenrollera y tan supuestamente izquierdosa que dice ser La Sexta. Se llama El aprendiz y es la adaptación de un reality americano (of course, en España no hay un solo programa original) que al otro lado del charco apadrinaba Donald Trump y aquí un tal Lluís Bassat.

Igualico, vamos. Mientras que Trump es casi un personaje de cómic, un icono -risible y caricaturesco, claro, y precisamente por eso más icónico todavía-, Lluís Bassat es un señor que a duras penas conocen los alumnos de las escuelas de marketing y de publicidad que no se pasan las clases jugando al mus en la cafetería.

Pero, claro, en España, el equivalente más próximo a Donald Trump era Jesús Gil, que sólo presentaba programas montado en Ponderoso o con dos chatis en un jacuzzi.

Dejémoslo pasar: Bassat tiene menos carisma que tu profesor de matemáticas de segundo de BUP, pero a los tontacos pijines que han hecho un MBA en Georgetown seguro que les pone palote la perspectiva de encontrarse con este señor. Supongo que querrán ser como él de mayores.

Hay más diferencias con la versión americana del reality: en Estados Unidos empezó a emitirse antes de que estallase la crisis. Estaba en sintonía con unos tiempos en los que cualquier licenciado en empresariales acumulaba millones de dólares cada mañana comprando y vendiendo acciones falsas de Madoff. Pero, entre el estreno de aquel programa y el de El aprendiz se ha hundido el sistema financiero que el programa glorificaba, millones de personas se han visto en la puta calle y miles de empresas se han ido al garete. Y se ha derrumbado precisamente por el dominio de personajillos de esa calaña, de tiburones empresariales que, tras la tormenta, han mostrado su verdadera faz de chanquetes hipertrofiados.

Pues en La Sexta, en vez de instarles a agradecer que el pueblo al que han dejado en bragas no les haya guillotinado en masa y esparcido sus higadillos en un foso lleno de hienas, vienen encima con recochineo. A buenas horas, mangas verdes. Emprendedores, dicen.

El programa no ha tenido audiencia. Lógicamente: en las otras cadenas estaba Belén Esteban. Y, francamente, para ver a unos niñatos con la estupidez subida y satisfecha hablando de cash flow y de beneficio neto antes de impuestos, yo también me paso a la Esteban. Y al arsénico también.

Y eso que he de reconocer que, como programa de humor, tenía un punto. En el que vi, la prueba consistía en vender aceitunas y encurtidos en un mercadillo. Les dieron material por valor de 700 euros y tenían que obtener el mayor beneficio posible.

Madre mía, la que liaron.

Era reconfortante ver a una cuadrilla de pijos con veinte masters del universo y expertos en no sé cuántas cosas que terminan en -ing intentar hacer una cosa que el gitanillo menos espabilao hace a diario sin despeinarse.

Con 700 euros de encurtidos, el Charly y el Jonatan -los gitanillos del rastro aludidos- se sacan, tirando por lo bajo, 2.000 euracos. Y, además, mientras colocan la mercancía, mangan siete relojes y diez carteras a sus clientes, que se van satisfechísimos y pensando que el Charly y el Jonatan son la mar de majos y que hay que volver a comprarles aceitunas el próximo día de rastro.

Pues estos troncos no supieron sacar más de 90 euros de beneficio después de tirarse una mañana planificando estrategias de venta y calculando márgenes de beneficios. Uno que, al parecer, era "experto en cálculo", vendió las aceitunas por debajo del precio de coste, porque después de tres horas haciendo cuentas en un cuaderno y calculando porcentajes de margen de beneficio, resultó que el tío no sabía sumar ni restar. A las tipas se les cayó al suelo un bote entero de manzanilla -y no las vimos recogerlas: dejaron la calle hecha un asco-. Qué maligno gusto daba verles incapaces de atarse los zapatos.

Pero es un confort momentáneo, porque luego te paras a pensar que tipos así son los que dirigen la mayoría de las empresas. Y por tiparracos como esos se va la gente honrada y currela a la calle, mientras ellos se quedan tan panchos en su traje de Armani, mirando el horizonte con cara ovina y perorando sobre sinergias e implementaciones, satisfechos de su cultivadísima ignorancia (porque hay que esforzarse mucho para ser tan tonto).

Yo, como retrato de estos neoyuppies, me sigo quedando con American Psycho (en la foto). Por lo menos, allí se decían frases con sentido, como: "Sé que mi comportamiento de homicida masivo es completamente inaceptable, pero no encuentro otra forma de realizarme".

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